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La Gaceta de los Negocios

Entrevista a Josep Llinàs, Arquitecto ganador del Premio FAD de Arquitectura 2006

"Hay que hacer una aproximación a la arquitectura que no sea estrictamente objetiva"

La obra ganadora del último FAD simboliza las tesis de su autor: la arquitectura como un espacio social que a la vez establezca relaciones cordiales con el usuario.

Josep Llinàs (Castellón, 1945) ganó el Premio FAD de Arquitectura el año pasado por el diseño de la Biblioteca Jaume Fuster, en Barcelona, superando a obras más conocidas como el edificio de la sede de Gas Natural, obra de EMBT Arquiectes Associats, la T-4 de Barajas de Richard Rogers o la Torre Agbar de Jean Nouvel. La obra ganadora es un edificio menos polémico y donde el autor ha intentado no sólo integrarlo perfectamente en el lugar (la plaza Lesseps), sino que además, al ubicarlo en un ángulo de la plaza ha creado un amplio espacio público. Con todo, Llinàs, en ésta y en todas sus obras, no sólo aboga por la funcionalidad y el carácter social de los edificios: para él, la arquitectura sirve para establecer vínculos emocionales con los ciudadanos. COMUNICACIÓN EMPRESARIAL habla con él sobre su obra ganadora del FAD -premio que ya obtuvo en 1996 por la reforma del Teatro Metropol de Tarragona- y sobre su concepción personal de la arquitectura.
¿Qué es lo que más destacaría de la Biblioteca Jaume Fuster?
Yo creo que su emplazamiento; el proyecto de la biblioteca estaba determinado por el hecho de que había un solar muy grande, y la podíamos situar donde quisiéramos: nuestra decisión fue situarla en un extremo. El espacio público que hemos dejado tiene así mucha actividad.

 -¿Cómo transmitir las necesidades específicas de un lugar como una biblioteca, donde se requiere orden, pragmatismo y silencio?
Una biblioteca es un lugar de cierto recogimiento, pero a la vez es un sitio donde hay mucha gente. Pensamos que era importante que toda esta gente se viera, por lo que todo el interior está concebido para que haya conciencia de estar en un espacio social y de interrelación. Así, la hicimos de tal manera que desde todos los puntos de la biblioteca se pudiera ver lo que hace la gente.

 -Queda anulado entonces el ámbito de la privacidad...
Mezclamos dos escalas: el espacio individual de la lectura y el del espacio social, de estar con más gente.

 -¿Y cómo llevó esta idea a la práctica?
Generando espacios dobles y abiertos, de manera que entre las diferentes plantas se pueden ver las actividades que se llevan a cabo en todas ellas. Era importante por tanto la apertura a la calle, no sólo para tener luz sino también para que todo fuera visible.

 -¿Qué destaca de esta obra dentro de su trayectoria creativa a nivel formal?
Yo destacaría la introducción de la cubierta inclinada como regla de formación del edificio, que ofrece una idea común a todos los usuarios de la biblioteca: el hecho de estar cubiertos, reforzando así la idea de espacio social. Los usuarios están aislados mentalmente, pero comparten una actividad colectiva.

 -¿Se podría considerar que tiene un estilo personal, particular?
De entrada en ningún arquitecto no hay la idea de buscar un estilo personal, aunque luego surja. A mí siempre me ha interesado mucho la figura de Josep Maria Jujol, de la siguiente generación a Gaudí, así como Alejandro de la Sota.

-Absolutamente todos los arquitectos abogan por dotar de una función social a la arquitectura, hasta el extremo de que algunos afirman que, sin componente social, la arquitectura no es tal. ¿Qué opina de este aspecto?
Sin duda el carácter social es fundamental y muchas veces no está bien asumido por los arquitectos. Siempre hay que intentar, aunque es muy difícil, que la relación del edificio con la calle sea lo más viva posible, y aporte cosas positivas.

 -También la mayoría abogan por la integración del edificio en el tejido urbano, afirmando que la función está por encima de la forma y el componente icónico. Todos lo afirman pero no todos lo cumplen. ¿Se puede leer su premio FAD como un cierto "triunfo" de estos postulados?
No lo sé, esto quizás habría que preguntarlo al jurado. Es un tema un poco complicado; lógicamente para mí fue una gran alegría obtener el premio, pero no estoy implicado en las otras obras. Siempre hay algún componente un poco mezquino pero real: cuando proyectas tienes una responsabilidad añadida, y esto a veces paraliza, es contraproducente. Yo esto lo noto mucho, y quizás esto explique la diferencia entre arquitecturas más potentes e icónicas y otras como la mía, más condicionadas por la realidad próxima.

-Se ha escrito que usted, en sus últimas obras, se ha dejado llevar por una especie de “espíritu del tiempo”, aquél que caracteriza la arquitectura últimamente, donde impera la máxima libertad geométrica, la renuncia a considerar el edificio como un objeto formalmente autónomo... ¿Afirmar que se concibe un edificio con la máxima libertad formal es una acusación o un elogio?
Creo que hay que hacer una aproximación a la arquitectura que no sea estrictamente objetiva. Es decir, un edificio debe poder aportar otra relaciones con el usuario más allá de la solución de los problemas de uso: debe establecer relaciones cordiales, distraer... procurar relaciones, en definitiva, de otro orden: de recuerdo, de amabilidad. Por ello introdujimos la cubierta en la biblioteca.

 -No es sólo, por tanto, la forma para el uso...
No, en mi caso hay una voluntad de cordialidad entre el usuario y el edificio, busco que haya relaciones de empatía. La arquitectura tiene capacidad de ofrecer algo más que solucionar problemas objetivos.

 -Usted ha afirmado también que es peor una arquitectura mediocre -la arquitectura media de una ciudad- que la mediática. ¿Por qué?
Porque la arquitectura mediática, en proporción, es poco significativa respecto al total de construcciones. En cambio, me sabe muy mal la arquitectura que se hace en muchos barrios.