Síguenos en: Facebook Twitter Linkedin Youtube GPlus

La Gaceta de los Negocios

Entrevista a Arata Isozaki, Arquitecto

"Los grandes proyectos son fuentes de atracción y prestigio"

Arata Isozaki (Oita, Japón, 1931), discípulo de Kenzo Tange, uno de los arquitectos japoneses más importantes del siglo XX, es conocido en España por el diseño del Palau Sant Jordi para los Juegos Olímpicos de Barcelona'92. El arquitecto japonés nos habla, entre otros temas, del proyecto Atea (”puerta” en euskera) de Bilbao.
¿Qué supone a nivel de evolución creativa el Isozaki Atea dentro de su carrera como arquitecto?
Isozaki Atea es un encargo especial porque nunca había trabajado antes para un promotor privado de edificios residenciales. Cuando se me ofreció este trabajo acepté porque  había posibilidad de proyectar  una contribución urbana a la ciudad, en el sentido de que une dos barrios de Bilbao que antes estaban incomunicados. De ahí que el concepto de “puerta” tenga sentido.

  -¿Cuáles son las soluciones del conjunto que más destacaría?
Cuando imaginé desde el cercano monte Artxanda el proyecto dibujé en  mi cuaderno de viaje los dos edificios  de altura acristalada ligera como para marcar la calle que se une con el centro de la ciudad. En medio se encuentra una explanada central que proporciona a los ciudadanos de Bilbao un nuevo espacio público de esparcimiento. Al concebir Isozaki Atea pensé en  un pequeño barrio dentro de la ciudad con vida, un espacio de encuentro para sus habitantes y sobre todo de co-nexión de ambas partes de la Ría con establecimientos comerciales y donde pudiera coexistir todo tipo de personas.

 -Las ciudades españolas encargan a arquitectos de prestigio la construcción de edificios simbólicos convirtiéndose en cierto sentido en “marcas”, como hemos visto con Nouvel en Barcelona y como sucederá en breve con Zaragoza, Oviedo, Sevilla, Valencia, Córdoba y otras ciudades. ¿Qué papel jugarán, en este sentido, las torres de Isozaki en una ciudad, Bilbao, que ya posee su edificio-símbolo, el Museo Guggenheim?
Isozaki Atea completa las obras maestras arquitec-tó-nicas con las que cuenta Bilbao, no sólo el Museo Guggenheim, sino también el metro de Norman Foster, el aeropuerto y la pasarela de Calatrava, el centro comercial de Robert Stern o los hoteles de Legarreta o Mariscal. En ese sentido, significa una contribución al creciente atractivo de Bilbao como destino de turistas y visitantes, aunque los ciudadanos son los principales beneficiarios.

-¿Cómo valora la proliferación de estos edificios emblemáticos, muchas veces alejados de la realidad social, arquitectónica y topográfica del lugar donde se ubican?
Los grandes proyectos urbanos tienen con frecuencia un gran efecto en la imagen y la diferenciación de una ciudad. No se puede separar París de su Torre Eiffel ni Londres del Big Ben. No son sólo símbolos de estas ciudades, sino también grandes fuentes de atracción y prestigio. Nuestra misión como arquitectos es ayudar a construir ciudades que puedan ser un ejemplo de diversidad, de coexistencia entre el uso residencial, el comercial y el de negocios.

-Quince años después de los JJ.OO. de Barcelona'92, ¿qué valoración hace del Palau Sant Jordi?
En el momento que  diseñamos el Palau Sant Jordi el mundo  era diferente al que nos encontramos en este momento. Si  se hubiera encargado ahora seguramente se habría diseñado de una manera diferente, aunque  siento una gran satisfacción por que el Palau siga funcionando acogiendo diversos tipos de actos. La arquitectura debe marcar su época pero también debe sobrevivir  al  transcurso del tiempo. Dentro de 15 años me gustaría volver  a ver cómo está  funcionando el Palau. •