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La Razón

Entrevista a Fernando Escura, Presidente de Hispajuris

"La nueva regulación laboral supone un momento fundamental en la historia de la abogacía en nuestro país"

Para Fernando Escura, “cuando este nuevo marco regulatorio se consolide, la relación de la abogacía con los despachos no tendrá nada que ver con las formas clásicas que conocemos”

En los últimos 30 años el ejercicio del Derecho ha cambiado de una manera radical, básicamente por la globalización de la economía y por la entrada en España de las grandes corporaciones jurídicas. Mientras que en España los abogados tenían unas limitaciones de publicidad, de no intervención en otro tipo de actividades, las grandes corporaciones del Derecho, las internacionales, entraban en España con métodos modernos, con más eficacia, pero también con unas interferencias que permitieron que el mercado quedara copado, como es la mezcla entre asesoría económica y jurídica, etc. La evolución del sector continúa con el desembarco de grandes bufetes norteamericanos que, a pesar de que parece que sólo afectaría a los despachos de mayor tamaño, el hecho es que sus consecuencias pueden alcanzar a todo el sector. De estos cambios y de la realidad del mundo de los despachos nos habla un auténtico especialista, Fernando Escura, presidente de Hispajuris AIE, la mayor red española de bufetes, tanto por número de miembros (42 despachos integrados) como por su extensión geográfica.

Grandes despachos, boutiques del derecho muy especializadas, profesionales libres, despachos medianos interdisciplinarios, redes de despachos… En su opinión, ¿a qué obedecen tantas soluciones para una misma situación?
El mercado va a quedar repartido, de hecho ya lo está,  en tres grandes posiciones de mercado: la gran multinacional, que tiene unas reglas del juego claras; los despachos locales muy activos y multidisciplinarios, muy implantados en su zona territorial donde son tremendamente más competitivos que grandes multinacionales y, luego, la boutique legal hiperespecializada (el abogado hiperespecializado en una materia) que requiere redes de especialistas –el gran penalista tendrá su red-. Mientras que la gran multinacional tendrá su propia red, el despacho local hipercompetitivo va a requerir de una red específica para poder acceder al mercado global. Éste es el caso de Hispajuris.

-¿Cuáles son las principales diferencias entre un gran despacho y una red de despachos?
Un gran despacho, o despacho transnacional, es una red en sí mismo; es decir, los despachos locales de un gran despacho no dejan de ser sus sucursales, puesto que los socios locales participan en el negocio, con lo cual tienen su propia red. Mientras que las redes de despachos son despachos absolutamente autónomos, que mantienen el capital al 100%, con la red, lo que buscan es poder acceder a prestar sus servicios a sus clientes de una manera global. Yo diría que mientras que el concepto del gran despacho es de arriba abajo (es decir, la gran multinacional da el servicio a su miembro local), en las redes es exactamente al revés, es de abajo arriba, es el despacho el que es propietario y lo que busca es acceder al mercado global mediante la creación de redes.
 Un despacho local, que esté encerrado en su ciudad, que no tenga interrelación con otros despachos, en definitiva, que no sepa hacia dónde va el mercado, sencillamente está fuera del juego, yo creo que no tiene ningún futuro, lo cual no quiere decir que el ejercicio de la abogacía sea muy digno, digamos, de una manera artesanal, pero ése no es el mercado jurídico.

-¿Se está produciendo en cuanto a la internacionalización de nuestras empresas un fenómeno similar al que vivimos con los despachos alemanes o americanos cuando las multinacionales de esos países se instalaron en España?
Es evidente. El mercado de las multinacionales españolas que salen fuera de España hay que decir que es muy limitado; son muy pocos despachos los que están acompañando a estas empresas. El país en su conjunto se beneficia si sus empresas son globales; se benefician los ejecutivos –que tienen un mayor mercado-, los proveedores… Los despachos de abogados somos un proveedor más de servicios, en este caso los jurídicos, con lo cual, si nuestras compañías se internacionalizan, nosotros también, porque acompañamos a nuestros clientes. Ése es un reto para grandes despachos y creo que hace muchísimo bien a nuestra profesión.

 -Para crecer en volumen y en calidad de servicio y, especialmente, para conseguir la confianza de los clientes ¿cuál es la solución adecuada?
La solución, como siempre, es trabajar bien. Lo que ocurre es que, en mi opinión  –y en esto hay diferentes opiniones- el facturado de los despachos es muy importante, no para ganar más, ni mucho menos, sino porque el cliente requiere de servicios multidisciplinares, eso quiere decir más profesionales en el despacho, porque éstos necesitan más medios, más bases de datos, más sistema informático…eso requiere más gastos; para mantener ese incremento de gastos se necesita un aumento de la facturación, que no quiere decir un aumento de márgenes. Los despachos locales que están en el mercado global van a crecer; deben crecer, porque deben prestar más servicios y, como consecuencia de este crecimiento, deben facturar más, porque se tienen que profesionalizar más. Hay que crecer en facturado creando más servicios interdisciplinarios. El crecimiento no es consecuencia de un mayor volumen de actividad sino de la necesidad.

-A través de colectivos e incluso de algunos colegios de abogados se sigue defendiendo una concepción tradicional del abogado, con una resistencia al cambio muy importante. ¿Qué futuro tiene en la profesión de la abogacía esta concepción artesanal del ejercicio del derecho?
Yo creo que tiene mucho futuro, pero se va a tener que prestar de una forma diferente. Los colegios de abogados tienen un importantísimo papel a desempeñar en la organización de la abogacía. No obstante, creo que en los últimos años no han liderado el proceso de transformación; han permitido que las multinacionales entraran, muchas veces, con prácticas de semi-competencia desleal; mientras que los abogados aquí no podíamos siquiera enviar una carta de publicidad, las grandes multinacionales organizaban cursos, seminarios, propaganda, hacían auditorías con empresas que pertenecían a la misma organización… y los colegios de abogados no han podido reaccionar; también han perdido el papel del control de las competencias de la abogacía, es decir, excepto aquellos temas que requieren de una toga, prácticamente la abogacía ha visto cómo otras profesiones copaban sus actividades. Es muy loable el trabajo que han hecho, pero creo que han sido tremendamente desafortunados los últimos 20-30 años.

 -¿Cómo está incidiendo en los despachos de abogados la regulación en cuanto a las relaciones profesionales o laborales entre abogado y despacho en el que presta sus servicios?
Yo creo que está incidiendo de una manera absolutamente determinante; para los despachos tradicionales que no contemplaban esta situación hay que pensar en el incremento de costes que esto representa; la relación del abogado con el abogado empresario, con el abogado trabajador, no es una relación normal. En mi opinión esto va a representar un incremento de costes sobre el cliente, porque los despachos no podrán aguantarlo, y va a suponer la desaparición de casi la mitad de los despachos de este país, porque tendrán que concentrarse a la fuerza para poder soportar los costes empresariales.

-¿Estamos en un punto de inflexión?
Yo creo que, aunque suene trágico, ha habido dos grandes momentos en la abogacía en este país: la entrada de las multinacionales, y el segundo, el momento actual. El primero porque rompió la forma clásica de prestar el servicio, y la otra gran revolución, en la que estamos ahora, debido al hecho de que muchos despachos no pueden asumir los costes por la nueva regulación laboral. Esto va a suponer una pérdida enorme de puestos de trabajo en la abogacía y, evidentemente, aquellos puestos que estén regularizados tendrán un incremento de coste significativo, lo cual ha de traducirse al mercado por fuerza. Con este nuevo marco regulatorio, en dos o tres años, cuando toda la normativa se consolide, la relación de la abogacía con los despachos no tendrá nada que ver con las formas clásicas que conocemos. 

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