Síguenos en: Facebook Twitter Linkedin Youtube GPlus

La Razón

Guillermo Pérez-Holanda Fernández, FERNÁNDEZ ORTEA & PÉREZ-HOLANDA

Euroland, ¿un parque temático?

Un análisis sobre las políticas tecnológicas en Europa y los retos del futuro

Para estimular el crecimiento y la innovación conviene mejorar las condiciones marco de la industria, que incluyen un sistema efectivo de protección y gestión de los Derechos de propiedad industrial. Las cuestiones se centran en el marco jurídico de la aldea global y ver qué respuesta da Europa a los interrogantes antes planteados. El concepto fue recogido en las conclusiones del Consejo Europeo de Lisboa, en el que se solicitó una patente comunitaria para finales de 2001, pero la realidad es que vamos muy lentos.

Una anécdota reveladora: Hace un año y medio, aproximadamente, un querido colega estadounidense, de Nueva York por más señas, me dijo algo en el acto de clausura de un congreso de negociación internacional en la prestigiosa Universidad de Harvard, que me ha tenido preocupado desde entonces. Durante el consabido acto, se acercó a mí, al tiempo de los postres y me dijo (en inglés, obviamente): -“¿Usted es europeo verdad?-, y antes de que yo, ingenuo de mí, le pudiera responder que sí, que era europeo, español (y asturiano, además), me espetó: “Deje que le diga algo sobre el futuro del mundo y de Europa, especialmente...”-, durante la pausa que siguió, encendió orgulloso su puro y después de ahumarme bien, me volvió a decir con un acento sureño muy fuerte: “El futuro es el siguiente: América va a ser el laboratorio, el departamento de investigación del mundo; nuestra fábrica va a estar en los países BRIC (o sea, para los profanos en el tema: Brasil, Rusia, India y China), y Europa va a ser un inmenso parque temático gigante, como nos gustan a nosotros”. – Otra vez, antes de que yo pudiera intervenir, alguien le llamó y se alejó diciendo, primero, y gritando después: ¿Qué le parece?, ¿No ve Usted que la situación no tiene vuelta atrás?.

El impacto de una idea
La verdad es que, mientras le observaba alejarse, la visión que me proponía el hombre se me antojaba lúcida, con la lucidez de quien sabe lo que dice y tiene la capacidad de síntesis que otorgan dos güisquis con hielo. El retrato era dantesco, pero a la vez revelador: (1) EE.UU. pretendería mantener el control de las ideas, de las invenciones y de la innovación, es decir, mantener la famosa brecha tecnológica, cuyos royalties le proporcionan pingües beneficios a sus empresas, fundaciones y Universidades, desde hace años; (2) la fábrica del mundo con sus costes sociales, laborales, etc., serían desplazados a terceros países con recursos, materias primas y mano de obra barata y disciplinada (los BRIC). La energía vendría de países controlados por ellos; y (3) a Europa, sólo le quedaría un papel, sin industria y sin innovación real, el turismo que vendría a vivir nuestra historia, nuestros monumentos, nuestras capitales, nuestra cultura especial, nuestro pasado, en suma. El resto del mundo no sería un inmenso agujero negro. Más aún, según sus ideas EE.UU sería el futuro, la investigación y las ideas, los BRIC, el presente, la fábrica barata con costes energéticos controlados y Europa el pasado glorioso. Las preguntas que me llevan rondando en la cabeza desde entonces son las siguientes (que son obvias):
 ¿Qué está haciendo nuestra sociedad para que esto no sea así?¿Qué remedios y propuestas políticas conjuntas europeas se están realizando? Como todas las preguntas simples, tienen respuestas muy complejas.

La respuesta política
Llevo mucho tiempo dándole vueltas y muchos kilómetros de los cinco continentes recorridos y últimamente la pregunta ha vuelto con fuerza al constatar una nueva iniciativa de la Comunidad Europea en materia de innovación que, aunque bien recibida, llega tarde y va en vía lenta.
 Aún así veámosla: los derechos de propiedad industrial son una de las siete iniciativas intersectoriales para la nueva política industrial de la UE (desde 1989). Para estimular el crecimiento y la innovación conviene mejorar las condiciones marco de la industria, que incluyen un sistema efectivo de protección y gestión de los Derechos de propiedad industrial IPR –, en dos ámbitos: (i) derechos de la propiedad industrial (IPR) en general, con el fin de identificar las medidas nacionales existentes y valorar los problemas a los que se enfrentan las pymes sobre el terreno y poder proponer respuestas unificadas ajustadas a la realidad; y (ii) los sistemas de patentes en Europa, en los que se buscan las debilidades del sistema y qué cambios son necesarios para mejorar la innovación y la competitividad, el crecimiento y el empleo en una economía basada en el conocimiento. Las cuestiones se centran en el marco jurídico de la aldea global y ver qué respuesta da Europa a los interrogantes antes planteados.

Este concepto fue recogido en las conclusiones del Consejo Europeo de Lisboa, en el que se solicitó una patente comunitaria para finales de 2001, pero la realidad es que vamos muy lentos y en 2006, camino del 2007, todavía no hay nada (y los americanos y los demás no paran). Dada la actuación administrativa, la pregunta final es: ¿A quién quiere proteger nuestra legislación?, ¿ a las multinacionales o a las pymes?. Esta es la cuestión. Hasta ahora sólo protegemos a las primeras. A las segundas, que son la base de nuestra economía, no, por varias razones, quizás no intencionadas: complejidad del sistema, carestía del mismo, desconocimiento, ingentes cantidades de papel y horas, poca protección efectiva, necesidad de un ejército de abogados para luchar la efectividad del derecho protegido, etc. Las pymes ni se acercan a este campo y cuando lo hacen son incapaces de saber que hacer. Este es el problema actual.

La respuesta privada.
En consecuencia, debería ser nuestra lucha el buscar la mejor forma de proteger lo que tenemos y de realizar con ello comercio justo y equilibrado. Debemos buscar la investigación real y la innovación técnica, la especialización a través de la formación de calidad y debemos potenciar los servicios y conocimientos conexos de alto nivel, así como implantar el espíritu empresarial en las nuevas generaciones, no adormecerles. Por tanto, no debemos seguir el camino marcado de la innovación “virtual” (normalizada); ni de la investigación teórica, alejada del mundanal ruido; ni la senda del conocimiento indiferenciado; ni de la exclusión del servicio como algo no productivo, no industrial (en el sentido decimonónico); ni el de la inyección financiera de morfina pública, por qué no iremos a ningún sitio.
 El entorno es cambiante a velocidad de vértigo y sólo las empresas que tienen capacidad de adaptación sobreviven. Hagamos entre todos que la imagen de mi “colega americano” resulte totalmente incierta en unos años y que el supuesto parque temático sean otros. ¡Ah¡ y sin que nos olvidemos del tercer mundo (que, no solo existe en la mente de unos pocos), tan necesitado de una política de investigación e innovación solidaria. 

Fernández Ortea & Pérez-Holanda

C. Adosinda, 9, 6º, izq., 33205, Gijón, Asturias, España

www.perezholanda.com

985 371 929

985 134 198

Contacta con Fernández Ortea & Pérez-Holanda