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La Vanguardia

Entrevista a Dr. Philippe Sarazin, médico general, especialista en nutrición y micronutrición con consulta en Nantes (Francia) y médico consultor y formador en Laboratorios Ysonut

“La dieta moderna está cada vez menos adaptada a nuestras necesidades biológicas”

Laboratorios Ysonut nace en Francia hace más de 15 años para aportar una respuesta a los problemas de salud que acarrean los desajustes alimentarios de nuestros tiempos

Se debe comer respetando los ritmos biológicos que rigen el funcionamiento de nuestro organismo, lo que permite optimizar la eficacia de los nutrientes ingeridos. Lo mejor es recurrir a soluciones que tengan un planteamiento integral de lo que necesita el organismo en su totalidad. Es el caso del concepto desarrollado recientemente por Laboratorios Ysonut: la Ritmonutrición, que enriquece el campo de la nutrición gracias a los conocimientos de la cronobiología alimentaria. Este método de dietética integral inspira los dos campos en los que trabaja Ysonut: la dieta proteica (con la gama Protéifine) y la complementación micronutricional (con la gama Inovance). Esta dieta sólo puede ser realizada bajo supervisión médica, por médicos especialmente formados para ello.

-¿Nos podría aclarar la relación entre alimentación, nutrición y salud?
Para entender mejor la interrelación entre estos conceptos, hay que remontarse unos 10.000 años atrás, cuando el hombre era un “cazador-recolector” y se alimentaba únicamente de lo que la naturaleza le ofrecía. Sin cultivos, ni aditivos, ni productos transformados. Su actividad física era mucho mayor que la de hoy: requería aportes estimados en más de 3.000 calorías por día. Para suplir esas necesidades cotidianas, su dieta era muy rica por la mañana y más austera por la noche.

-¿Cómo influye eso en nuestros conceptos?
Pues muy sencillo; son estas necesidades las que han ido configurando, al filo de las generaciones, nuestra adaptación genética a la alimentación: nuestro organismo se ha acostumbrado a contar, para su funcionamiento diario, con vitaminas y minerales naturales así como grandes cantidades de proteínas animales. Y eso ha acabado definiendo el tipo de alimentación que garantiza una buena salud.

 -Pero, hoy en día, ¿cómo nos afecta este proceso?
Más de lo que puede parecer, en realidad. De hecho, el patrimonio genético lo hemos conservado intacto hasta la actualidad. Sin embargo, el problema está en que sí han cambiado, y de forma radical e irreversible, nuestro entorno, nuestras condiciones de vida, y con ellos nuestra alimentación. La dieta moderna, deformada por una serie de factores inevitables en una sociedad industrializada, está cada vez menos adaptada a nuestras necesidades biológicas tal como fueron grabadas en nuestro código genético.

 -Es decir, ¿que nos estamos quedando obsoletos?
Bueno, tampoco hay que plantearlo de forma tan radical. Lo que sí observamos es que una serie de transformaciones de primer orden en nuestro entorno están afectando a nuestra alimentación: el nivel calórico de los alimentos es mucho más bajo, lo que implica lógicamente que aportan menos nutrientes (proteínas, glúcidos, lípidos) y micronutrientes (vitaminas, minerales, oligoelementos, ácidos grasos esenciales,…). La transformación industrial (refinados, aditivos,…) modifica, y a menudo hacia peor, las propiedades nutritivas de los alimentos. La transformación agrícola (pesticidas, cultivo intensivo, empobrecimiento del suelo en magnesio, potasio,…) también provoca sin duda una pérdida de las cualidades nutritivas de los productos que componen nuestra dieta. De forma general, todas las variedades de contaminación tienen evidentemente un impacto sobre los alimentos que consumimos.

 -Pero, ¿cuál es el impacto concreto de estos cambios de alimentación en la salud?
Bastante grave: todos estos cambios sustanciales que ha sufrido nuestra alimentación han acabado desembocando en patologías modernas, las llamadas “enfermedades de la civilización”: diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares y, por supuesto, sobrepeso y obesidad.

 -Comer mejor protege y mejora la salud, pero eso tampoco es nuevo. ¿Hay alguna novedad concreta en este ámbito?
Lo que los expertos están confirmando actualmente es que, a causa de los trastornos medioambientales y otros factores que ya hemos evocado, una dieta equilibrada no siempre garantiza la ausencia de carencias en el organismo. Por ello es cada vez más aconsejable complementar nuestra dieta tradicional con una concepción de la nutrición especialmente desarrollada para responder a nuestro entorno alimentario contemporáneo.

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SALUD Y ALIMENTACIÓN

Un estudio realizado en siete países demostró ya hace tiempo que hay una gran diferencia en cuanto a mortalidad cardiovascular entre Creta (9 muertes/100.000 habitantes), los países mediterráneos (200 muertes/100.000) y Estados Unidos (424/100.000) debido a la alimentación. Modificando nuestra alimentación, podemos influir sobre nuestras enfermedades y su evolución:
• reducir la sal disminuye la tensión
• perder peso mejora de forma significativa la diabetes
• comer y vivir mejor protege de las enfermedades cardiovasculares

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