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La Vanguardia

Mª Victòria Gómez Serés, vocal de la Junta de Gobierno del Col•legi de Pedagogs de Catalunya

Vacaciones… ¿qué hacer con nuestros hijos?

¡Ya llegan las vacaciones! Es el gran deseo, la ilusión esperada, poder aminorar la marcha acelerada que invade el quehacer diario, pero de repente la ilusión se desvanece y se apodera un sentimiento de angustia y preocupación: ¿qué haremos con los niños?
Es de todos conocido que la vida escolar y la vida laboral no coincide y, así, mientras nuestros hijos ya disfrutan de las vacaciones, nosotros continuamos por lo pronto con el mismo horario. Ante este sentimiento de preocupación, es el momento de pararnos a reflexionar, analizar las ofertas del entorno y tomar una seria decisión con la finalidad de que el verano sea aquello que debe ser: tiempo de recuperación física y mental, tiempo para disfrutar de la familia y los amigos, tiempo para hacer lo que nos despreocupa, en definitiva, tiempo de “disfrute”.

Seguramente hemos pasado una buena parte del año intentando conseguir una suma de objetivos o hitos que habremos logrado en mayor o menor grado. Si hablamos de niños hasta seis años, habremos intentado establecer y cumplir una serie de rutinas o normas, no olvidemos que aquello que más necesitan los niños es tener las “reglas del juego” bien claras; han de saber en todo momento qué es lo que esperamos de ellos. Este funcionamiento familiar los convierte en niños felices, seguros, confiados y alegres. Así pues, una de las primeras cosas a tener en cuenta es planear las nuevas normas que regirán el verano; esto se concreta con un horario más flexible y relajado donde caben actividades de todo tipo. Los niños necesitan socializarse y compartir, más si los padres todavía trabajan, y aquí es donde nos puede ayudar mucho la oferta formativa del entorno. Cada vez más, las propias escuelas desarrollan “espacios de ocio” donde combinan actividades deportivas con algunos ratos de deberes o lecturas. También nos podemos apoyar en los casales de verano, o las tradicionales colonias donde los niños, además de hacer deportes variados, han de aprender a ser cada vez más autónomos. Todas estas actividades además de ser divertidas y sanas, porque hacen deporte, son al mismo tiempo formativas: han de saber competir y compartir a la vez, esperar al compañero, ser fuertes delante de las adversidades o contratiempos... y una suma de valores incalculables.
Si hablamos de niños más mayores, pre-adolescentes y adolescentes, es necesario remarcar que es básico que estén ocupados una buena parte del día. No hay nada más agotador que escuchar todo el día “¡Qué rollo!”, “¿Puedo quedar?” En este caso encontramos también mucha oferta. Es el momento de adentrarnos en aquello que más les gusta, “las nuevas tecnologías”. El ordenador sirve para algo más que para chatear o mirar películas o jugar. Así pues, es el momento de aprender nuevos programas o perfeccionar lo que ya han aprendido en la escuela. También es un buen momento para mejorar el idioma que estudian en la escuela o aprender uno nuevo. Si las posibilidades económicas lo permiten, es bueno hacer colonias o estadías de idiomas tanto en el propio país como en el extranjero. Es bien sabido que con un mes en el extranjero o veinte días de estadía de inglés -u otros idiomas- no lo aprenderán, pero por lo menos verán otras culturas, mejorarán la audición y pronunciación de este idioma y, lo que es más, importante, aprenderán a desenvolverse solos. Si la estadía en el extranjero se hace en residencia, se hacen amigos muy variados, de otros puntos del país o incluso de otros países o culturas, y esto es un enriquecimiento personal muy importante; si la estadía se hace en familias extranjeras, además de hacer amigos, se valora mucho más a la vuelta a la propia familia. También a los jóvenes es importante abrirlos a nuevas vías, diferentes a las propiamente académicas, como son el voluntariado. Es conveniente aprender a pensar en los demás, a ofrecer un poco el tiempo propio en favor de los más desvalidos o necesitados, el voluntariado es una actividad que nos hace más humanos y nos hace sentir bien con nosotros mismos; también puede ser interesante algún pequeño trabajo donde aplicar las competencias que han ido adquiriendo a lo largo de su formación.

Éstas son sugerencias mientras trabajamos uno de los dos meses, pero el verano ha de ser más enriquecedor, no sólo para los hijos sino también para los padres, a quienes muchas veces nos cuesta descansar, parar el ritmo, porque pensamos que allí donde estamos –sea en el propio hogar, sea en el trabajo- somos imprescindibles y todo ha de pasar por nuestras manos.

Si queremos disfrutar de un buen verano hemos de ser capaces de desconectar el móvil apenas salimos del trabajo, hemos de cambiar los temas de nuestras conversaciones porque ya no pueden girar más alrededor de nuestro trabajo, es necesario “cortar, desconectar”; si paramos podremos reflexionar, y con la reflexión veremos si es necesario cambiar algo; también debemos tener tiempo para dormir un poco más, afecta directamente al humor y nuestros hijos se merecen unos padres contentos y alegres.

En conclusión, para pasar un buen verano es necesario buscar ratos para hacer actividades juntos, deporte, aficiones, lecturas, cines... es decir, hay que hacer familia, es la mejor empresa que tenemos y no puede ir a la quiebra. Nuestros hijos, a medida que se hacen mayores, sólo recuerdan los buenos ratos compartidos, los momentos que se lo han pasado bien con sus padres, las actividades conjuntas que han realizado, porque a pesar de las dudas que a veces nos invaden sobre si lo hacemos bien como padres, debemos tener presente que ¡somos los mejores padres para nuestros hijos!
¡Felices vacaciones!