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La Vanguardia

Sandra Navó Berruezo y Jordi Prat, Dietistas Nutricionistas

Alimentación infantil y vacaciones de verano

Una correcta alimentación durante la infancia es imprescindible ya que es la etapa de mayor crecimiento y en la que se adquieren la mayor parte de hábitos. Seguir una dieta equilibrada durante todo el año es primordial;  no obstante, cada estación cuenta con una serie  de hábitos alimenticios y platos propios de la temporada. Con la llegada del verano y con él, el calor, el aumento del tiempo libre y los “excesos veraniegos”, nos encontramos con un momento de especial atención en la alimentación de nuestros hijos ya que suelen “olvidarse” de los buenos hábitos adquiridos durante todo el año.

Más requerimientos
El aumento de temperatura y de actividad física provoca una mayor pérdida de agua y minerales a través del sudor que hay que reponer continuamente, ya que los niños son susceptibles a sufrir, en épocas de veraniegas, deshidratación e incluso en temperaturas más extremas, un golpe de calor. Para conseguir una correcta hidratación es necesario beber entre seis y ocho vasos de agua repartidos durante todo el día y aumentar el consumo de alimentos que contengan agua de composición, vitaminas y minerales, como son las frutas y las verduras. Incluso si el niño hace mucho deporte, puede ser recomendado el consumo de algún tipo de bebida isotónica durante la actividad.

Para estimular el consumo de ensaladas y verduras se puede probar de mezclar con sus alimentos preferidos y en raciones pequeñas, así como utilizar verduras de diferentes colores o preparar platos con verduras crudas con salsas distintas. En forma de sopas o cremas frías, tipo gazpacho o vichysoisse, suelen ser también bien aceptadas por los niños.

Los horarios
Durante las vacaciones los horarios son mucho más relajados y aunque los niños pueden levantarse más tarde, es importante mantener unas comidas regulares y equilibradas, especialmente el desayuno, ya que deben proveerse de energía para todo el día. 
De igual modo, no deben saltarse la merienda, que a menudo olvidan por estar jugando o en la playa, y es tan importante como el desayuno. Puede estar compuesta por fruta, zumos naturales de fruta licuados o batidos con leche fría, sándwiches de pan integral con pavo, queso o jamón e incluso algún helado artesanal elaborado con leche ya que son más nutritivos y pueden contener fruta o frutos secos.

Además, es importante ir realizando pequeñas ingestas a lo largo del día cada tres o cuatro horas entre las comidas principales para que el niño se mantenga fuerte, activo y con energía durante todo el día y evite la tendencia de ir picando todo el día.

Mantener los hidratos de carbono:
Más del 50 % de la energía que consumen nuestros hijos debe provenir de los hidratos de carbono, esto es, pasta, legumbres, arroz, pan, patata...y con el aumento del calor apetecen más comidas frías con lo que hay que cambiar los platos de cuchara por ensaladas de arroz, de pasta o de legumbres, ensaladillas, todo tipo de cremas frías elaboradas con patata, o por otro tipo de preparaciones: la paella y  la fideuá son  platos típicos veraniegos también muy completos y apetitosos para los más pequeños. 

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Consejos básicos

1. Cuidado con los “Alimentos veraniegos”: comida rápida, golosinas, helados prefabricados, refrescos o zumos envasados. No se debe prohibir su ingesta, simplemente no abusar de ellos o buscar alternativas más sanas. Los refrescos y zumos envasados se pueden sustituir por zumos de frutas naturales, los helados y polos  industriales por los caseros. El fast-food (frankfurts, hamburguesas) se puede sustituir por bocadillos hechos en casa con pan integral, lechuga, tomate y variarlos con atún, filete de pollo, etc.

2. Evitar comidas grasas: las frituras, grasas animales, mantequillas, natas, repostería…ya que aportan muchas calorías y  pocos nutrientes, aparte de dificultar la digestión tan importante en esta época, ya que los niños suelen ir a la piscina o a la playa y hay que respetar el tiempo antes de bañarse para evitar un corte de digestión.

3. Aprovechar  el aumento de tiempo libre del niño para involucrarlo en su propia alimentación: ir de compras dejándole elegir algún alimento o haciéndole partícipe de la preparación de algunos platos, como ensaladas llenas de colores o con frutas, puede ser muy interesante para su aprendizaje y para que vaya adquiriendo buenos hábitos.

Para acabar, las vacaciones estivales  son un periodo para la  libertad alimentaria, olvido de la rutina y los buenos hábitos, que junto a la  permisividad  de los padres pueden provocar cierto descontrol en la alimentación del niño. No obstante, se puede evitar si no bajamos la guardia y aprovechamos la oportunidad de pasar más tiempo con nuestros hijos para seguir reeducando sus hábitos correctamente aunque sin ser demasiado estrictos. El verano es para disfrutar y compartir  en familia una alimentación sana, equilibrada y, por supuesto, fresca y sabrosa.