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La Vanguardia

Xavier F. Vidal, Jefe de redacción

Editorial

Desde la industria farmacéutica empiezan a llegar voces de alarma en lo que se refiere al momento económico por el que está atravesando el sector. Lo que en cierto punto era previsible que sucediera, por ejemplo, en la construcción, un momento de ralentización o crecimiento inferior al de otros años, está sucediendo en un sector tradicionalmente muy estable y que en principio es ajeno a la coyuntura económica. Pero desde la patronal se empieza a señalar como culpable de este mal momento, entre otros, al conjunto de medidas legislativas que han propiciado un descenso en el precio de los medicamentos, ya sea de forma directa (especialmente a partir del nuevo sistema de precios de referencia, en vigor desde enero de este año, que determinaba el precio máximo que el Servicio Nacional de Salud está dispuesto a pagar a las farmacias por un medicamento concreto, fijando un precio único para un mismo medicamento en todo el territorio nacional) o indirecta (con La Ley de Garantías y Uso Racional del  Medicamento y Productos Sanitarios, que favorece una rápida salida al mercado de los genéricos). Es por ello que Humberto Arnés, director general de Farmaindustria, tal y como podemos leer en la entrevista publicada en estas mismas páginas, advierte que, por primera vez en la historia, se puede cerrar el año con un dato negativo en el precio medio de las recetas.

En este suplemento especial también queremos dar voz al sector de los genéricos, entre cuyos argumentos está el hecho de que estos medicamentos son una herramienta para racionalizar el gasto farmacéutico. Se calcula que el crecimiento de los medicamentos con receta no llegará al  6% este año, y se prevé que en 2008 la cifra bajará, mientras que el mercado de los genéricos subirá más del 14%.

Encontramos, en relación a todos estos temas, dos medidas que nos diferencian del resto de países comunitarios. Por un lado, la falta de homogeneización de España en materia de patentes: nuestro país no está armonizado con el resto de Europa en materia de propiedad industrial y esto, denuncia Farmaindustria, perjudica de forma decisiva a las empresas innovadoras. Por otro lado, son muchas las voces que defienden el sistema español en la concesión de apertura de oficinas de farmacia, primando el bien general por encima de intereses económicos particulares, siguiendo la misma filosofía de la sanidad pública.


La relación entre la regulación económica en el sector farmacéutico y la capacidad de inversión de nuestras compañías es directa y estrecha. Al basar la contención del gasto sanitario principalmente en la reducción de los precios de los medicamentos, la situación financiera de los laboratorios se resiente. 2007 será el cuarto ejercicio consecutivo en el que el sector crecerá por debajo del PIB. El riesgo a medio y largo plazo es la pérdida de empleo y desequilibrios empresariales y, a corto plazo, una desaceleración en el ritmo de crecimiento de las inversiones más importantes de esta industria: la investigación y el desarrollo. La economía española, por tanto, no puede permitirse el lujo de que el sector farmacéutico vaya mal.

Precisamente, el no por más citado menos necesario tema del fomento de la I+D+i como solución a la falta de competitividad y productividad de las empresas realmente poco sirve aquí como panacea. No sirve porque es un aspecto que se da por supuesto en un sector como el farmacéutico, que es, a día de hoy, el que mayores recursos dedica a I+D en proporción a las ventas totales. Por término medio, una empresa farmacéutica investigadora destina entre el 17 y el 20% de sus ventas totales a la investigación y desarrollo de nuevas moléculas. A pesar de ello, las tasas de incremento de las inversiones en I+D en el sector farmacéutico en España han pasado de valores superiores al 20% -hace unos pocos años- a menos del 4% en el último ejercicio. La investigación farmacéutica requiere recursos cada vez más importantes y si no hay un respaldo por parte de las Administraciones que apoyen y favorezcan un entorno propicio para llevar a cabo estas inversiones y faciliten el acceso de la población a las novedades terapéuticas, las inversiones en investigación pueden verse afectadas, con lo que repercutirá en el desarrollo futuro de nuevas especialidades farmacéuticas. La investigación, por tanto, debe fomentarse, y su importancia es tal (en todos los sectores y más aún en el farmacéutico) que hemos querido dedicar un apartado de este suplemento especial a este tema concreto.

De la misma manera hemos reservado sendas secciones a otros aspectos fundamentales de la industria farmacéutica, como son la cosmética y el marketing sectorial. Y lo hemos hecho con un motivo claro: en un momento de cambio en la industria, ya sea por el nuevo marco regulador en concreto o por las nuevas realidades en general, el sector debe reinventarse y adaptarse a los nuevos tiempos. La cada vez mayor demanda de productos relacionados con la belleza hace crecer la actividad de los laboratorios relacionados con la cosmética, donde el esfuerzo de investigación es muy destacable, y puede ayudar a dar un empuje al sector. Por otro lado, la industria, dentro de su marco regulador, específico y estricto, debe adoptar nuevas medidas en lo referido al marketing, pues la comunicación es algo capital en cualquier empresa, y el sector farmacéutico no puede ser ajeno a ello.

Así pues nos encontramos con un sector, el farmacéutico, de gran importancia para la economía española y que encuentra en un momento de enfriamiento, según la industria, a causa del elevado intervencionismo administrativo. Lo que para la industria puede ser muy negativo, para el ciudadano de a pie, el que mira por su bolsillo, el tema de los precios es una buena noticia. Como también lo podría ser si se implantara el sistema de liberalización de las oficinas de farmacia, ya vigente en el resto de Europa. El modelo español, tan diferenciado, suscita debates candentes. Y es que cuando se tratan temas relacionados con la salud, no siempre está bien visto hablar de “liberalización”. Lo que acaece en el mundo farmacéutico, y en el de la sanidad en general, afecta directamente a cuestiones básicas relacionadas con el Estado del bienestar. Habrá quien afirme que introducir dosis de competencia en cualquier mercado, incluido el sanitario, siempre es beneficioso. Habrá quien opine, por el contrario, que todo lo relativo a la salud pública debe estar más regulado que cualquier otro ámbito. En cualquier caso, no sólo se debería encontrar un equilibrio entre los intereses del sector farmacéutico, fundamental para la economía española, y la garantía a los ciudadanos al acceso a medicamentos (y a cualquier tema relacionado con la salud), sino procurar que su relación sea beneficiosa para ambas partes.