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La Vanguardia

Josep Ignasi de Llorens Duran, Dr. Arquitecto. Catedrático de Construcción, Universitat Politècnica de Catalunya

La industrialización de la construcción

Hace muchos años que se diagnostica la necesidad de industrializar más la construcción. Lo predicaron, entre otros, los arquitectos del movimiento moderno a principios del siglo pasado, aunque los intentos fracasados de la posguerra europea lo retrasaron considerablemente. A pesar de ello, la incorporación de materiales, productos y métodos industriales ha sido progresiva, y a comienzos del siglo XXI no se trata de un discurso sino de una realidad.

Los condicionantes del sector han cambiado mucho. En su aspecto negativo, la descalificación de la mano de obra, las adjudicaciones y subcontrataciones a la baja, los plazos apretados, el retraso en los pagos, la gestión economicista de la obra y la transformación del constructor en contratista son incompatibles con la construcción convencional del ramo de paleta en obra y los oficios artesanales. Pero hay que mencionar también como factores positivos las innovaciones técnicas, la sensibilidad ecológica, las necesidades de los actuales edificios, la cultura de la productividad, de la mejora de la calidad, de la reducción de costes y otros aspectos intangibles como el diseño, el servicio posventa o la sostenibilidad.

El incremento de materiales, productos y sistemas poco conocidos, la exigencia de prestaciones y la política económica europea confluyen en la proliferación de normativa que intenta asegurar la calidad y repartir responsabilidades, cosa que no se consigue fácilmente mediante la legislación. En España se ha promulgado recientemente el “Código Técnico de la Edificación”. Es una iniciativa legislativa necesaria para el sector, ya que las circunstancias en las que se desarrolla se han ido complicando considerablemente, y muchas soluciones adecuadas requerían una normativa que las amparase.

Pero hay algunos aspectos que lo hacen muy difícil (¿imposible?) de aplicar porque exige al mercado aquello que no tiene (como la marca CE para todos los productos que se suministren desde el 29 de marzo de este año), y obliga a tener en cuenta en el proyecto y la construcción muchos aspectos, demandando unas prestaciones sin especificar el criterio para determinar si se han conseguido o no. Además desplaza exageradamente la mayor parte de las responsabilidades que la “Ley de Ordenación de la Edificación” repartía entre todos los agentes de la construcción al redactor del proyecto y director de la obra. Tanto es así que el proyectista director de la obra ha de asumir responsabilidades que tendrían que corresponder al contratista o a los proveedores.

Hacia la industrialización
La utilización de productos y métodos industriales se adapta mucho mejor a los condicionamientos mencionados. Se controla, además, el coste y se consigue más fácilmente la calidad montando o acabando productos industriales que ejecutándolos en obra. Es el caso de las losas alveolares o de los plafones prefabricados. Por otro lado, a lo que deba hacerse en la obra se pueden aplicar métodos y medios industriales, como por ejemplo la proyección de morteros, las fijaciones mecánicas o los grandes encofrados. Además, los procedimientos de acreditación de las características y prestaciones son más fáciles de obtener para los materiales y productos realizados en taller, ya que los realizados en obra consiguen, a duras penas, acreditar el proceso, que no el resultado.

Por tanto, el incremento progresivo del protagonismo de la industria fuera de la obra y de los métodos industriales dentro de la obra ha pasado de ser una mejora a ser una necesidad. Obligarán a revisar el adjetivo “auxiliar” aplicado a la industria, y acabará ocupándose de la mayor parte de las actividades del sector.