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La Razón

Esther Sebastián de Diego, Lupicinio Eversheds

El paisaje, recurso natural

La contemplación del entorno ha aportado inspiración y confort a todas las civilizaciones. Pero el paisaje es mucho más que un medio de recreo: constituye un elemento fundamental del patrimonio natural y cultural de cualquier país. Su preservación repercute en el equilibrio de los ecosistemas, influye en el valor de la tierra y es un recurso básico para el desarrollo de actividades turísticas que, en algunos casos, representan la principal fuente de riqueza y empleo de la zona.
 Sin embargo, pese a los incontables beneficios que el paisaje representa para la sociedad, hoy es difícil encontrar en nuestra geografía, fuera de las áreas naturales especialmente protegidas, un paraje que no haya sido modificado por la actividad antropogénica.
 En nuestro ordenamiento, el paisaje sólo se ha venido protegiendo, específicamente, en aquellas partes del territorio que poseían características excepcionales desde el punto de vista histórico, natural o estético y sólo de forma fraccionada —i.e legislación de evaluación de impacto ambiental, de ordenación del territorio, o de espacios naturales. Sin embargo, no se regula, con carácter general, la obligación de proteger el paisaje ordinario, es decir, aquel carente de valores excepcionales.
 Esta concepción restrictiva del paisaje está siendo superada. El Convenio Europeo del Paisaje del Consejo de Europa —en vigor desde el pasado 1 de marzo de 2004—, resalta la importancia de conservar el paisaje ordinario, “el de todos los días”, incluso aquel que se percibe como degradado. Asimismo reconoce el derecho de todos los europeos a “disfrutar de paisajes de gran calidad”. La Ley 8/2005, de 8 de junio, de protección, gestión y ordenación del paisaje de Cataluña, recoge el espíritu del Convenio y adopta una concepción integradora del paisaje, que incluye tanto las áreas naturales como los paisajes cotidianos.
 Este cambio de concepción acabará calando en nuestro ordenamiento, repercutiendo sobre los instrumentos de planeamiento, la normativa sectorial y sobre el propio proceder de las Administraciones públicas, que deberán ser más cautelosas a la hora de valorar la idoneidad de una infraestructura concreta en un emplazamiento. Aunque todos los esfuerzos serán pocos, valdrá la pena reaccionar para proteger el legado natural y cultural que representan los paisajes, algo que sin duda merece la máxima atención de todos los actores implicados.

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