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La Vanguardia

Vicente Aparicio Mulet, Presidente de la Associació Catalana de Mútues d’Accidents de Treball (ACMAT)

Prevención de la siniestralidad laboral, asunción y aplicación de la Ley

Cuando el 10 de noviembre de 1995 se publicaba en el Boletín Oficial del Estado la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, no sólo se cumplía con un mandato de la Unión Europea, y por tanto se trasladaba a nuestra normativa la legislación en la materia, sino que, lo más importante, se producía un vuelco de gran trascendencia en la prevención de los riesgos a los que de ordinario se hallan expuestos los trabajadores.

Cierto que la Ley precisó de sus normas reglamentarias y que, también, el transcurso del tiempo ha demostrado que debían introducirse modificaciones que hiciesen de la Ley una norma más exigente en sí misma, como también más aplicable.

Una de las aportaciones de la Ley es que demandaba la participación de las mutuas de accidentes de trabajo en esta especial actividad, en razón directa a que, hasta ese momento, las mutuas ya venían aportando sus conocimientos en el campo de la prevención, desde la colaboración con la Seguridad Social, y el legislador no podía abstraerse a este hecho; esto permitió aportar a la sociedad recursos gestionados por las mutuas de forma inmediata, siquiera con las limitaciones propias de lo que supone todo un entramado legal que necesariamente fue elaborándose en los años siguientes.

La pretensión del legislador, y también de todas aquellas instituciones que como las mutuas participan y viven esta lacra de los accidentes de trabajo y las enfermedades profesionales, siempre ha tenido como norte aplicar la prevención como primera medida, pues sobre esa actuación es como se puede conseguir atacar las altas cifras de siniestralidad que, año tras año, reflejan las estadísticas oficiales.

La realidad después de algo más de diez años de entrada en vigor de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales demuestra que ese tránsito hacia la reducción de la siniestralidad por la efectiva aplicación de medidas preventivas, si bien es patente el descenso en valores absolutos, no es menos cierto que todavía existe un número de accidentes que excede a lo que apriorísticamente cabría pensar. Que estemos hablando de una siniestralidad, en casos con baja, que pasa ligeramente del millón de trabajadores en el pasado año, y que las cifras actuales confirman que el 2007 la tendencia es hacia un ligero aumento de las mismas, es tanto como decir que la asunción de la prevención en las empresas todavía dista bastante de ser plenamente efectiva.

Lo anterior nos debe hacer ver que posiblemente la norma deba merecer retoques para ser más aplicable, más práctica, tal como se nos anuncia en las últimas noticias al respecto con acuerdos con los interlocutores sociales; pero con ello no bastará. Debe producirse la plena asunción en las empresas, asumir que la aplicación de la prevención no es un mayor coste –craso error-, sino todo lo contrario, es una inversión en mayor solvencia, en mayor seguridad para con aquellos que aportan su esfuerzo en pos de los beneficios empresariales y, a la postre, también será una aportación hacia la propia Seguridad Social, que si registra menos casos de trabajadores accidentados, ello coadyuvará en sus resultados. Y si eso es así, tal como se está hablando últimamente y así lo ha anunciado el Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, se podrá dar cumplimiento a aquella idea del legislador de introducir definitivamente el bonus en aquellas empresas que se distingan por la aplicación de la prevención, y que además se traduzca en reducción de los accidentes de trabajo.

Las mutuas, por descontado, deberemos aportar nuestra parte de actividad para que, en la medida que sea posible, ayudar en todos estos logros; y no es menos, a estos efectos, la prevención que desde dentro del Sistema de Seguridad Social también hacen las mutuas, que desde hace unos meses cuentan con directrices expresas y concretas del Ministerio de Trabajo en esta especial actividad.