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La Vanguardia

Dr. Francesc Botet, Consultor. Hospital Clínic de Barcelona

La alimentación del niño en verano

Resulta una utopía obligada, al hablar de alimentación, buscar el equilibrio y acabamos siempre refiriéndonos a la ya clásica clasificación de los alimentos y de la pirámide de la alimentación. Mantener una dieta equilibrada es fácil en el niño pequeño, durante el primer año de vida. El pediatra suele dar unas pautas de alimentación que cumplen este requisito. Otra cosa es que se cumplan o respeten las cantidades. Mantener el equilibrio es más difícil cuando crece el niño y aparecen los gustos selectivos, a veces los auténticos caprichos, cuando no la negativa a comer que lleva a muchos padres a cometer errores dietéticos y educativos.

En verano la norma del equilibrio sigue vigente, pero ahora apetece más los alimentos ligeros. Reducir las comidas más pesadas con mayor aporte de grasas y  aumentar el aporte de frutas frescas y verduras es lo más razonable.  Con el calor vamos a invertir menos calorías en mantener la temperatura corporal y como es lógico necesitaremos también comer un poco menos. Aunque en realidad lo que hacen  muchos padres e hijos es aumentar el consumo calórico mediante helados y refrescos azucarados.  Si nos dejáramos llevar por el instinto tendríamos una ingesta adecuada a los productos de temporada de nuestra región; claro que hoy es posible comer frutas de verano en pleno invierno y hortalizas de invierno en pleno verano, pero esto no es lo más lógico ni razonable. Es cierto que en un avión llegan los productos frescos a nuestro mercado casi antes que los recolectados a pocos kilómetros, pero en una época en que tanto nos preocupa el entorno, esta actitud no es ecológicamente razonable.

En los viajes
La alimentación durante los viajes supone un cambio en nuestras rutinas. Es evidente que si viajamos a nuestro pueblecito de la costa o de la montaña de toda la vida, quizá lo único que nos altere sean los horarios y probablemente alguna que otra trasgresión dietética. Pero como la moda es viajar a destinos exóticos hay que vigilar especialmente la higiene de frutas y otros productos de consumo crudos y del agua. Existe un riesgo más o menos importante de contaminación bacteriana o de parásitos según las zonas a que se viaje. Al lavar las frutas debe hacerse con agua no contaminada. No sería el primer caso en que los que adquieren la infección son los que prudentemente han lavado la uva en un vaso de agua, pero de dudosa procedencia. En caso de carecer de agua potable se puede “potabilizar” en cuanto a contaminación bacteriana, añadiéndole 1 mL de lejía, naturalmente sin detergente, por cada 10 L de agua, para tener una concentración adecuada de cloro. El sabor nos recordará evidentemente a la del grifo de casa. Recuerdo a un viejo profesor de la Facultad que decía llevar siempre una pequeña botella de lejía en el bolsillo con la que, en un exceso de celo,  aliñaba con unas gotas cualquier verdura cruda o fruta que le sirvieran. Probablemente los niños pequeños no tienen ninguna necesidad de realizar estos viajes de aventura, ni van a disfrutarlos. En todo caso en ellos hay que extremar las medidas de precaución, su facilidad para adquirir infecciones intestinales y su rápido metabolismo les llevan a padecer gastroenteritis y deshidratación con mayor facilidad. En caso de necesidad de viajar es aconsejable o casi obligado recurrir a alimentos preparados, “potitos”,  para  el niño pequeño si no existe seguridad en la preparación de alimentos. Estos preparados deben adquirirse en el punto de origen si no hay certeza de encontrarlos con garantía en el destino, aunque el peso suponga un engorro importante.

Lactancia infantil
Los niños más pequeños se alimentan básicamente de leche. Como en todas las circunstancias la lactancia materna es la mejor, y no supone ningún problema mantenerla en cualquier sitio o condición.  Cuando se recurre a las fórmulas  artificiales hay que considerar que la leche es un buen caldo de cultivo bacteriano. Para que exista crecimiento bacteriano que puede ser origen de procesos digestivos (vómitos, diarrea) debe existir el trípode: colonización,  temperatura y  tiempo. La colonización puede venir del agua, de las manos sucias o de los objetos que se emplean en la preparación de biberones. Si la leche preparada se conserva durante tiempo y a una temperatura relativamente alta, se cumplen las condiciones ideales para el crecimiento bacteriano. Por lo tanto en condiciones desfavorables extremar las medidas de higiene de útiles y  manos. Es aconsejable hervir el agua cuando no hay garantías sanitarias, pero también se debe considerar que esto aumenta la concentración de sodio. Por lo tanto en cualquier caso llevarla a ebullición sólo de 3 a 5 minutos. Administrar el biberón lo más pronto posible y, si es necesario guardarlo, hacerlo preferentemente en nevera. Nunca es aconsejable guardar parte del biberón que el niño ha dejado, pero en condiciones desfavorables mucho menos. 

Hidratación
La deshidratación es el resultado de un desequilibrio entre ingesta de agua  y pérdidas. Si disminuye la ingesta y aumentan las necesidades, o más aún, si se dan ambas circunstancias simultáneamente, se produce la deshidratación.  La ingestión disminuye por carencia de agua, si además concurre en una situación de un ambiente cálido y seco, que aumenta las necesidades,  el proceso se acelera. Las pérdidas pueden aumentar por vómitos y diarrea. En esta situación es muy importante el aporte adecuado de líquidos, pero la presencia de vómitos van a hacer difícil la tolerancia digestiva y nos puede complicar la deshidratación. Un aporte oral muy lento, a ritmo de una cucharadita cada cinco minutos, puede ser tan efectivo como una perfusión endovenosa. Las soluciones a aportar deben contener una concentración adecuada de electrolitos, el agua sola no es suficiente ni adecuada, como tampoco lo es el agua de mar, excesivamente hipertónica y que va a empeorar la deshidratación. El descubrimiento del transporte de glucosa y sodio en la mucosa intestinal, que permitió desarrollar las preparaciones para rehidratación oral, fue considerado hace casi 30 años por la revista Lancet como uno de los descubrimientos más importantes del siglo. Estas soluciones de rehidratación oral contienen, además de agua, glucosa, bicarbonato sódico y cloruro sódico.

Diarreas
La diarrea consiste en un aumento del volumen de las deposiciones y una disminución de la consistencia. Puede tener múltiples causas y las infecciosas suelen ser frecuentes en los niños. En los viajes a países exóticos preocupa más la infección bacteriana e incluso los parásitos. Para evitarlas hay que hacer especial énfasis en las medidas de higiene que se indicaban antes. Recientemente se habla mucho de  Rotavirus. Es un virus que causa diarreas, más en invierno que en verano, afecta a los niños más pequeños (<5años) y es el origen del 50-60% de ingresos por diarrea en niños pequeños en Europa, aunque en otros países puede tener mayor importancia las infecciones por bacterias. En el momento actual existen vacunas para esta infección (dos marcas registradas en España) pero la vacunación está prevista para niños pequeños  y debe iniciarse entre las 6 y 12 semanas de vida.