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La Vanguardia

Oscar Coduras, Director de Investigación y Formación Permanente de EAE-Escuela de Administración de Empresas

Outdoor Training

Una metodología de formación

Desde hace unos años, cuando una empresa se plantea hacer formación para sus empleados o directivos, en el debate del asunto aparece la frase, ¿y si hacemos un Outdoor? “De puertas afuera” (sería la traducción más literal) o “al aire libre” (sería la traducción habitual), el término Outdoor, aplicado al campo de la formación, identifica una metodología que se desenvuelve en los espacios abiertos.

La formación,  tradicionalmente, se ha desarrollado en las aulas, espacios cerrados (Indoor), mediante la intervención de un docente enfrentado a los alumnos, en una disposición estática, compuesta por un atrio de mesas y sillas en las que, una vez acomodados, los alumnos miran al escenario desde el cual el profesor (actor) imparte la clase (representa la obra), utilizando los medios didácticos que allí se encuentran, como la pizarra, la pantalla u otros (atrezzo).

Esta concepción escenográfica de la formación, la Indoor, no quiere decir que, a lo largo del tiempo, no haya tenido su evolución, pues en lo que respecta a las metodologías, a la clase magistral en la que el profesor más bien tenía que demostrar a sus alumnos lo mucho que sabía antes que asegurarse de que éstos aprendieran, se le han ido añadiendo otras mucho más dinámicas y participativas como el “Role Playing” o el Método del Caso. A pesar de ello, el aula siempre ha impuesto sus limitaciones y, para superarlas y trabajar mejor en algunos aspectos de las necesidades formativas que se plantean actualmente en las empresas, se recurre a la formación en espacios abiertos.

Pero, ¿es en sí misma una metodología impartir la formación en un espacio abierto? La respuesta es no. El Outdoor Training o formación al aire libre se basa, fundamentalmente, en lo que se denomina, metodológicamente, la formación experiencial. Los alumnos, en lugar de explicarles aquello que se supone que quieren aprender, lo viven. De la misma manera que nuestro viejo refranero nos recuerda que “una imagen vale más que mil palabras”, podría aplicarse para este ámbito la frase de “una vivencia vale más que mil palabras”.

Es obvio que la metodología experiencial no es una receta universal para aplicar a todo tipo de formación, aunque ésta sea en el campo empresarial, pues cuesta imaginar que los profesores puedan enseñar y los alumnos puedan aprender, por ejemplo el Plan General de Contabilidad o Gestión Presupuestaria, mediante vivencias al aire libre. ¿En qué clase de formación se utiliza la metodología experiencial? Fundamentalmente, para trabajar en el campo del desarrollo de habilidades, y en todos aquellos aspectos que tienen que ver con la gestión de los Recursos Humanos y las conductas que las personas ponemos en juego en la parte de nuestra vida que dedicamos al trabajo la cual, aunque no lo parezca, no es tan distinta del resto de conductas que manifestamos en las otras partes de esa vida.

En definitiva, la formación experiencial; tratar de aprender mediante la vivencia es útil porque hace aflorar sensaciones y nos damos cuenta de que, afortunadamente, somos personas y no máquinas, con todas las grandezas y todas las debilidades que ello supone pero permite que alguien pueda darse cuenta de algo, reflexionar sobre aquello y cómo, en el caso de que le interese, puede trabajar para cambiarlo.

Como en todo, ¿qué sucede? Pues que hay Outdoor con Training y Outdoor sin Training y que, muchas veces, la gente se confunde. ¿Por qué? Porque esta metodología se plantea desde una perspectiva absolutamente práctica, lúdica -lo más divertida y motivante posible para el participante-. Al tratarse de una metodología vivencial, basada en el aprendizaje a través de la experiencia directa, el desarrollo de las acciones formativas se sustenta en actividades que combinan los juegos de equipo, en ocasiones bajo la fórmula de distintos grupos realizando actividades en paralelo, en ocasiones compitiendo unos contra otros, pero siempre tratando de que en las actividades no falte la diversión y el buen humor.

¿Dónde se encuentra la confusión? Pues cuando la empresa encarga una actividad sin verificar que la misma se encuentra correctamente orientada al trabajo de aprendizaje, implementación y/o mejora de aquellas competencias profesionales de las que se han detectado carencias en la empresa.

En ocasiones, la actividad lúdica prima sobre la intención de aprendizaje, por lo que las actividades se orientan más bien al ocio y los participantes lo pasan bien, se divierten, pero no existe un trabajo orientado realmente a la formación.

El Outdoor (sin Training) es ideal para relajarse en el marco, por ejemplo, de la reunión anual de los comerciales de la empresa; puede ser una excelente manera de premiar los esfuerzos de un equipo de trabajo por haber alcanzado sus objetivos, y seguro que quien pueda participar en las actividades lo va a agradecer y lo va a recordar con agrado, pero al Outdoor (sin Training) no se le puede pedir lo que no es.

Por ello, cuando una empresa se interese por utilizar esta excelente metodología con fines formativos, lo que debe hacer es consultar, como siempre, al especialista en formación, y explicarle cuáles son las carencias detectadas y cuáles son los objetivos de mejora competencial perseguidos. Si éstos pueden perseguirse a través del Outdoor Training, el especialista diseñará un programa con actividades a medida de las necesidades manifestadas. Al igual que en otros muchos casos de la formación “In Company”, los programas de Outdoor Training raramente estarán estandarizados, sino que se diseñarán en base a las competencias que tengan que trabajarse para la empresa, conforme a las necesidades que ésta haya manifestado y hayan sido contrastadas por los formadores.

En tal caso, no lo duden, el Outdoor Training es una excelente metodología para formar a través de la vivencia, de la misma manera que los niños aprenden en sus edades más tempranas: jugando. Lo único, ya saben, además de jugar, a nosotros, que ya somos mayores, nos toca reflexionar sobre lo que nos enseña el juego, recibir un feedback del profesorado y hacer un análisis, tanto colectivo como individual, de las conductas y reacciones manifestadas y de las posibles necesidades de cambio en las mismas.