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La Vanguardia

Xavier F. Vidal, Jefe de Redacción

Editorial

Ocio y negocio parecen de antemano dos conceptos antónimos, antagónicos, excluyentes, teniendo en cuenta que trabajo es coadyuvante de negocio. Pero cada vez lo son menos.
Hay una nueva forma de relación entre las empresas y sus clientes, entre la empresa y sus trabajadores y colaboradores, entre la empresa y la sociedad en general, que hace aparecer una nueva generación de empresas, de clientes y de trabajadores, lo que implica cambio y adaptación.
Las nuevas fórmulas empresariales mueven elementos de valor sustancialmente distintas, orientadas menos a los productos y servicios y más a las prestaciones, como las expectativas, las ilusiones, y los deseos.
El éxito y la excelencia se obtienen asegurando los mercados globales, pero especialmente atendiendo específicamente a nichos de mercado cada vez más pequeños, más segmentados, personalizando y, por tanto, colmando totalmente lo esperado. En una organización, además, el cliente es también el colaborador o el colega.
El futuro se construye atrayendo, reteniendo y potenciando el talento, motivando, estimulando la creatividad, impulsando iniciativas, potenciando los atractivos, y especialmente llegando directamente al corazón de las personas.
He aquí donde confluyen ocio y negocio, en el corazón de las personas, con el objetivo de aproximarse a cada una de ellas a través de actividades que le motiven y le complazcan.
Porque siempre esta más receptivo quien está disfrutando, sea para formarse, adquirir o desarrollar actitudes y aptitudes con un programa de Outdoor Training, sea para recibir un mensaje o para trasmitirlo en una convención, sea para recomendar, o para comprar en una presentación de producto o simplemente para opinar en un foro o medio de comunicación con la base de lo descubierto en un congreso.
Así, estas nuevas formas requieren de instrumentos que acerquen a las personas a las nuevas dinámicas. De aquí el éxito de las iniciativas que aúnan ocio y negocio, éxito arropado en un marco geográfico, histórico, y humano rico en variedad y cantidad, especialmente en el oficio y tradición que existe desde hace décadas en España, gracias a su profesionalización turística.

Uno de estos ámbitos, donde confluyen ocio y negocio, es el del turismo de negocios, sector en auge y al que, por ello, dedicaremos gran parte de este número. Este tipo de turismo es una herramienta alternativa a las fórmulas del marketing tradicional pero, asimismo, es una importante forma de desarrollo económico de las ciudades, y no sólo de las grandes ciudades. El impacto económico de los congresos y convenciones celebrados en España en 2005 superó los 3.000 millones de euros: no sólo se benefician los parques feriales o los centros de convenciones, sino un gran número de sectores, empezando por la hostelería y restauración.
Debido a este efecto multiplicador no es de extrañar, por tanto, que cada vez haya más Palacios de Congresos en España; son un motor del turismo de reuniones y del turismo de alta calidad y contribuyen a dinamizar la actividad cultural y empresarial. Así, las ciudades pugnan por atraer este tipo de turismo, de alto poder adquisitivo, que demanda no sólo infraestructuras, organización y servicios de calidad, sino también una atrayente oferta lúdica y cultural.
Uno de los principales sectores económicos de España es el turismo, pero desde casi todas las partes implicadas se demanda un tipo de turismo de más calidad, como alternativa al que ofrecen países emergentes. El turismo de congresos puede y debe tener ahí un papel importante. Barcelona ya es la tercera ciudad del mundo que mayor número de eventos acoge, según el ranking de la Asociación Internacional de Congresos (ICCA). Así pues, se va en el buen camino. Por su lado, Julio Abreu, presidente de la Federación Española de Empresas Organizadoras de Congresos, pronostica, en entrevista en estas mismas páginas, que el mercado de reuniones crecerá un 120% en el próximo decenio. Pero, como siempre, y aunque parezca reiterativo, se impone una apuesta por la calidad, máxime cuando es algo intrínseco a este tipo de turismo.


A nivel global del sector de construcción de maquinaria y equipos mecánicos los últimos quince años han sido de vaivenes en los niveles de actividad. A principios de los 90, el sector atravesó un periodo de fuertes dificultades, sin embargo, a partir del año 1994 se inició una reactivación que se tradujo en aumentos significativos de las ventas, gracias sobre todo a las exportaciones. A finales de los noventa, la competencia exterior de nuevo provocó caídas en la facturación. Esta tendencia continuó hasta el año 2004 en que de nuevo los niveles de facturación volvieron a crecer, ayudados por la buena marcha de la economía y la demanda internas, aunque algunos sectores como el pequeño electrodoméstico siguen reduciendo su nivel de actividad. El saldo exterior del sector es negativo puesto que las importaciones superan a las exportaciones. En el conjunto del sector, la ocupación tiene una cierta tendencia a decrecer a lo largo de los últimos años, y en España representa actualmente alrededor del 1,5 por ciento de la población ocupada.

Si analizamos las empresas del sector a nivel más micro, se puede concluir que se trata de empresas con una buena posición financiera y con una capacidad para generar resultados positivos. A nivel financiero, destaca la sólida situación de capitalización de las empresas, ya que cuentan con un nivel de capitalización elevado y el endeudamiento es adecuado. Sin embargo, a pesar de la buena posición patrimonial y de solvencia, uno de los retos de las empresas del sector es mejorar la gestión logística para reducir sus plazos de existencias, que han tendido a ir aumentando. Este aumento de los niveles de existencias explica una menor productividad en la gestión del activo.
 Otro aspecto destacable es la rentabilidad media de las empresas del sector, ya que es positiva. La rentabilidad de los capitales propios, por ejemplo, supera el 10% anual, lo cual no está nada mal en la actualidad. Esta rentabilidad se está consiguiendo tanto con los incrementos de facturación, que en los últimos años vienen siendo superiores a la inflación, y también con la optimización de los costes. Para seguir manteniendo esta posición, será clave la apuesta por la innovación de nuestras empresas en temas tales como el diseño, la fabricación y la comercialización.
 Otra de las tendencias que marcan la evolución del sector es el incremento de la externalización, o sea, la subcontratación de la producción a empresas preferentemente ubicadas en otros países con menores costes. Esta práctica permite mejorar la flexibilidad de las empresas y reducir riesgos. Muchas de nuestras empresas se están especializando en las tareas de diseño, de montaje final y de comercialización, así como en la prestación de servicios postventa a los clientes. Ésta es una de las causas que provoca descensos en la ocupación directa del sector.
 Concluyendo, se trata de un sector bien posicionado, con una buena estructura financiera y con capacidad para generar riqueza. Sin embargo, la globalización y la presión creciente de los competidores exigen esfuerzos importantes en innovación para seguir gozando de ventajas competitivas que permitan seguir adelante. Esta innovación es lo que ha de facilitar pasar de un modelo basado en costes bajos a un modelo basado en la diferenciación de producto e imagen. Si la apuesta por la innovación es insuficiente o bien no da los resultados esperados, puede ocurrir como en otros sectores de la economía que están sucumbiendo ante la presión de países con una estructura de costes mucho mejor.