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La Vanguardia

Alimentarse bien: un tema en boca de todos

Los especialistas en nutrición infantil creen que es el entorno familiar el que debe crear pautas y normas de alimentación sana.

“Los hábitos saludables de alimentación son idénticos para un niño que para un adulto, lo único que se modifican son las proporciones y cantidades, que se deben adaptar a las necesidades del niño”. Según la doctora Lilian Gómez los alimentos aconsejables son los mismos a todas las edades, lo importante es asegurarnos de que haya diversidad de alimentos y de que los volúmenes sean los adecuados para cada edad. Para conseguir este equilibrio es necesario introducir texturas nuevas ya des del primer año de vida del niño y, aunque en sus primeros meses la alimentación por excelencia es la leche materna, a medida que el intestino del bebé madura, el niño está preparado para recibir otro tipo de alimentación.

Entre los cuatro y seis meses llega el momento de introducir los cereales sin gluten como son las harinas de arroz o el maíz. La doctora Alejandra Gutiérrez asegura que “añadir cereales en la alimentación del lactante provoca un aumento de calorías en la dieta que ayuda a espaciar el tiempo entre biberones, contribuyendo así a un mayor espacio nocturno entre las tomas”. Otro alimento básico es la fruta fresca, que debe introducirse hacia los cinco meses en forma de zumos naturales con cuchara para más tarde introducir mezclas de frutas en forma de puré.
“Después de los seis meses es el momento de introducir los cereales con gluten y hacia los siete meses se incluyen además las verduras y la carne. Éste es el momento de diversificar la dieta del bebé con pequeños aportes de carne y verdura enriquecidas con diferentes sémolas, ya sea arroz, trigo o maíz”, añade Gutiérrez.

Enseñar dando ejemplo
Sin embargo, todo nuestro esfuerzo puede no dar resultado si no enseñamos dando ejemplo con nuestra actuación. “Los hábitos nutricionales saludables se deben ir afianzando cuando el niño tiene entre uno y tres años. Y para ello es preciso afianzar los hábitos de la familia porque realmente quien tiene que dar las pautas y normas saludables es el entorno familiar, porque el niño al final acaba copiando lo que ve en casa”, afirma la doctora Gómez.
 Aún así, sobre los dos años los niños suelen rechazar determinados alimentos y a aceptar sólo el que más les agrada. La doctora Gutiérrez afirma que con este comportamiento los niños sienten que refuerzan su autonomía y que son capaces de decidir. “Ante esta situación los padres deben insistir metódicamente ya que la aceptación de un nuevo alimento requiere de un tiempo que se ha de respetar. Son los padres los que organizan y dirigen qué alimentos ofrecerán a lo largo de la semana, por lo que no debemos aceptar el rechazo del niño”.  Lo mejor para evitar la negación del niño a comer ciertos alimentos es ser creativos en la cocina, optar por presentaciones y recetas distintas que eviten la monotonía. 

La sal, ¿aliado o enemigo?
Según la doctora Gómez, consumir sal es un hábito que adquirimos desde pequeños. “Realmente con la sal que contienen los propios alimentos que comemos es suficiente para vivir. Hay que tener en cuenta que a la larga, la cantidad excesiva de sal podría degenerar y evolucionar hacia una hipertensión. Sin embargo no existe una relación directa entre la ingestión de sal y la hipertensión”.
 Por tanto, no podemos considerar la sal simplemente como un enemigo a evitar pero es importante remarcar que si nos acostumbramos a comer los alimentos sin sal incorporamos un hábito muy saludable a nuestra dieta.

La alimentación ecológica
Cada vez más se habla de los beneficios que puede aportar la alimentación ecológica, pero pocos saben cuál es este tipo de alimentación. Lilian Gómez nos aclara que son todos aquellos productos que no han sufrido ningún tratamiento químico. “Lo óptimo e ideal sería optar por este tipo de nutrición”, apunta la doctora.

Los productos ecológicos, por tanto, son aquellos que han sido elaborados sin utilizar aditivos ni elementos de química de síntesis. En la agricultura, por ejemplo, no se utilizan pesticidas ni herbicidas ni abonos químicos. Por lo tanto, los productos ecológicos aportan un componente vitamínico y nutricional superior a los convencionales, siendo por tanto más saludables.
 Este tipo de productos están certificados con un sello identificativo expedido por organismos certificadores oficiales tras pasar un riguroso control, siguiendo el reglamento 2092/91 de la CE y sus normas de desarrollo posteriores.
 La alimentación ecológica cada vez tiene más adeptos, como lo demuestra la cifra que indica que en Barcelona ya son más de 30.000 las familias que consumen productos con estas características.