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La Vanguardia

Entrevista a Dra. Pepa Torregrosa Bertet, Pediatra de Atención Primaria, Coordinadora del Estudio IReNE

“Es de vital importancia diagnosticar los factores generadores de una alergia”

Los niños lactantes sensibilizados a alimentos tienen una probabilidad más alta de desarrollar síntomas de asma en la edad escolar

En los últimos 20-30 años se ha observado un aumento considerable de la prevalencia de las alergias infantiles. La Doctora Torregrosa nos cuenta que los alérgenos, que son comúnmente proteínas, desencadenan una sensibilización en el organismo, el cual crea inmunoglobulinas, IgE específicas, que son la reacción natural del sistema inmunitario. Si bien estas sustancias pueden encontrarse en el medioambiente y en los alimentos, no todas las personas reaccionan a ellas, sino que la sensibilización se da en aquéllas que están predispuestas genéticamente. La Doctora Torregrossa también nos informa de la importancia de un diagnóstico precoz.

¿Cómo se manifiestan las alergias y cómo se pueden diferenciar de los síntomas de otras dolencias o enfermedades como por ejemplo un simple catarro?
En un principio, en niños lactantes la sensibilización se manifiesta por dermatitis atópica – piel seca, erupción en la piel-, en síntomas digestivos –vómitos, diarreas- o bien mediante procesos sibilantes –pitos en el pecho. Luego, a partir de los tres años, se puede expresar en forma de asma, o en forma de rinoconjuntivitis alérgica o ambos. En los primeros años de vida, la sensibilización o la alergia son más frecuentemente producidas por los alimentos, principalmente la leche de vaca y la clara del huevo. A partir de los tres años generalmente el niño se sensibiliza a alérgenos medioambientales –los ácaros del polvo doméstico, los pólenes-. Cuando hay un niño con sensibilización a alimentos, al cabo de unos años puede presentar síntomas por alérgenos medioambientales; este proceso cronológico es lo que llamamos “marcha atópica”. El catarro, sin embargo, es una infección vírica, frecuente en todas las edades, que presenta rinorrea –mocos-, tos, fiebre, pero dura unos días, no presenta unos síntomas persistentes, algo que sí ocurre con las alergias. Éstas no suelen dar fiebre a no ser que se produzca una sobreinfección bacteriana.

 -¿Qué incidencia tienen las alergias en la población infantil?
Realmente, en los últimos 20-30 años se ha observado un aumento considerable de la prevalencia de las alergias infantiles. La prevalencia acumulada –que quiere decir la cantidad de enfermedad que encontramos presente- en las últimas décadas viene a ser de un 20-30%, en el cual, la parte de rinoconjuntivitis alérgica viene a ser de un 15-20%; los síntomas asmáticos, entre un 7-10% y los síntomas de dermatitis atópica sobre el 15-20%. En España existe un estudio, el estudio Isaac, publicado en el 2005, que ha puesto de manifiesto un aumento global de la presencia de asma infantil –medida entre el primer año de vida y los 15 años- en todas las Comunidades Autónomas españolas, con diferencias según zonas.

 -Existe la sensación en la sociedad de que las alergias son un fenómeno en crecimiento. ¿Es cierto?
De hecho, a pesar de lo que he comentado anteriormente, no se trata de un aumento exponencial, sino que hablamos de 5-8 puntos de aumento en la última década. Por ejemplo, en el caso del asma, ha pasado de un 11 a un 15%. La impresión que tiene la sociedad se deriva, por una parte, de este aumento y, por otra parte, porque se diagnostica mejor. Asimismo, existen grupos que tienen un interés legítimo, como profesionales sanitarios o la industria del medicamento, que intentan hacer ver a la sociedad esta situación. Todo ello contribuye a un aumento en la percepción de la población del problema, algo que es positivo.

 -¿Cuáles son los agentes –alérgenos- en Catalunya que desencadenan un mayor número de reacciones alérgicas entre los niños?
Hay dos estudios realizados, por el GVR, Grupo de Vías Respiratorias de la Asociación Española de Pediatria de Atención Primaria, el Estudio APIA, que se realizó en niños menores de cinco años en ocho Comunidades Autónomas y en más de veinte centros de salud, en el que se encuentra una prevalencia a nivel nacional de sensibilización alérgica de un 38,1%. Tanto a alimentos (huevo y leche de vaca), como alérgenos medioambientales, los ácaros, los pólenes, el olivo –presente principalmente en Andalucía y el Mediterráneo-. Es la primera vez que se obtiene un perfil nacional de sensibilización en niños menores de cinco años. En Catalunya el perfil es muy similar, en cuanto a los alérgenos medioambientales encontramos predominantemente los ácaros, y en cuanto a los de los alimentos, el huevo y la leche de vaca. En el segundo estudio, llamado IReNE realizado en Catalunya, este año, se estudian y se analizan niños de uno a quince años que presentaban asma activo –que han tenido síntomas durante el último año. Aquí se ha encontrado un 52% de niños que presentan síntomas de alergia. El alérgeno que se ha encontrado más comúnmente es el ácaro del polvo doméstico.

 -¿Quién debe ser estudiado alergológicamente?
Hoy en día está claramente consensuado que todos los niños que tienen posibles síntomas alérgicos, tanto si son persistentes como recurrentes, deben ser estudiados. También aquellos niños que tienen asma que necesitan un tratamiento preventivo continuo, independientemente de la edad, porque antiguamente se decía que hasta los tres o cuatro años no hacía falta estudiarlos.

 -¿Qué importancia tiene el diagnóstico de los factores que generan en cada individuo la alergia?
Es vital. Una exploración alergológica es un requisito muy importante para el tratamiento específico de la alergia. Hay que conocer exactamente el factor que produce la alergia para poderlo evitar o bien para poder dar un tratamiento a nivel farmacológico o de tratamiento alérgico específico. Por ejemplo, en el caso de los niños que presentan asma es muy importante distinguir cuáles son los que acabarán desarrollando un asma persistente, porque hay niños a los que los síntomas asmáticos les desaparecen. Hay estudios que observan que los niños lactantes que están sensibilizados a alimentos tienen una probabilidad más alta para desarrollar síntomas de asma en la edad escolar, y  niños en edad escolar sensibilizados a alergenos medioambientales mayor riesgo de presentar síntomas de adultos. En la atención primaria damos un servicio integral, conocemos a las familias y podemos estudiar los casos de predisposición genética, aunque a los niños que tienen necesidad de hacer un tratamiento específico de la alergia los derivamos, evidentemente, a los alergólogos.   

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¿QUÉ SON LAS ALERGIAS?

Antes que nada hay que diferenciar dos conceptos que a veces se confunden: la atopia y la alergia. La atopia es una predisposición genética, individual o familiar, de producir anticuerpos que son IgE específicas ante dosis pequeñas de alérgenos, que son las sustancias – generalmente proteínas -  que desencadenan la alergia. Hay personas que al estar en contacto con sustancias reiteradamente, como los ácaros del  polvo doméstico o los pólenes, su organismo está predispuesto a generar este tipo de inmunoglobulinas; a esto lo llamamos sensibilización o atopia. El niño que presenta estos anticuerpos “atópicos”, puede, más adelante, desarrollar síntomas, como por ejemplo asma, rinitis o conjuntivitis: es entonces cuando lo llamamos alergia.