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La Vanguardia

Xavier F. Vidal, Jefe de Redacción de Pymes

EDITORIAL

El sector farmacéutico se encuentra en un momento clave. No se puede decir que esté en crisis, ni mucho menos, pero últimamente se ha caracterizado por unos crecimientos bajos, por debajo del PIB nominal, y, previsiblemente, para el próximo año 2007 se estiman muy bajos.

Es un momento clave también porque existen intereses divergentes por parte de los diferentes agentes implicados. Así por ejemplo, hay diferentes “frentes abiertos”, como el debate que atañe al modelo de propiedad industrial (la patronal Farmaindustria aboga por adecuarlo al existente en el resto de la UE), que afecta a las marcas y a los genéricos, o el que hace referencia al procedimiento para fijar el nuevo sistema de precios de referencia en virtud de la Ley de Garantías y Uso Racional de los Medicamentos y Productos Sanitarios, la llamada “Ley del Medicamento”. Dicho de otro modo, Farmaindustria pide al Ministerio de Salud que retire la bajada de precios decretada en los dos últimos años, aduciendo que fue una medida coyuntural. Otro punto de fricción lo encontramos en la legislación farmacéutica en el ámbito de la apertura y gestión de las oficinas de farmacia, concretamente en el “Dictamen Motivado” remitido desde la Comisión de Comercio Interior de la Unión Europea, según el cual Bruselas conmina a España a la liberalización en materia de ordenación y planificación farmacéutica. Como vemos, existen dos cuestiones inciales de la cuales el modelo español se diferencia del resto de países comunitarios.

En el primer caso, y tal y como apunta el nuevo presidente de Farmaindustria Antoni Esteve en la entrevista publicada en estas páginas –la primera que concede desde que accedió al cargo-  la patronal reivindica de forma urgente una aceleración rápida en materia de patente de producto, argumentando que la situación actual comporta una importante pérdida de mercado para las empresas innovadoras y un freno a sus inversiones, ahondando en los desequilibrios con respecto al resto de países de la UE y conllevando asimismo un problema muy grave a nivel de comercio y la posibilidad de arruinar el esfuerzo en I+D. En Canalpharma damos voz a todos los protagonistas del sector y, por tanto y de la misma manera, podemos leer en este suplemento especial entrevistas con diferentes responsables de laboratorios fabricantes de genéricos para los cuales esta situación es positiva, puesto que fomenta la competitividad. En otro orden de cosas, también damos voz, al tratar un suplemento dedicado al sector farmacéutico, no sólo a los laboratorios, sino también a todos los sectores implicados y sin los cuales las empresas que fabrican y comercializan no podrían desarrollar plenamente su actividad: investigación y análisis, nuevas tecnologías, logística especializada, marketing farmacéutico, etc.

Volviendo al tema inicial, el ciudadano de a pie podría pensar que las disputas en el seno de la industria farmacéutica no tienen por qué afectarlo. Nada más lejos de la realidad. En primer lugar, decir que el farmacéutico es un sector fundamental para el futuro económico del país, como lo demuestran las cifras dedicadas a I+D: uno de cada cinco euros invertidos en investigación el año pasado en España provenían de este sector. Es por ello que la industria, viendo que no pasa por su mejor momento –tal como hemos dicho al principio-, reclama la atención de la Administración y de los reguladores, para los cuales no parece que el farmacéutico sea un sector prioritario. Se piden medidas para que al sector no le suceda lo mismo, por ejemplo, que al textil. Se reclama, en definitiva, previsión y anticipación.

Pero todas estas disputas sectoriales afectan y afectarán aún más de cerca al ciudadano. No sólo por cuestiones como el precio a pagar por un medicamento (tema suficientemente importante), sino también porque el farmacéutico es un sector que, en definitiva, atañe a la salud personal: hay que ser crítico con las decisiones políticas que anteponen “razones de mercado” a “razones de salud pública”, pero desde el análisis riguroso, sin caer en el maniqueísmo, y hay que ir con mucha cautela si se incluyen los términos “progreso económico” y “sanidad” en una misma frase, especialmente si ésta es disyuntiva, puesto que ambos son imprescindibles en un estado del bienestar.