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La Gaceta de los Negocios

José Mª Gay, Profesor de Contabilidad de EAE y de la UB

¿Duelo contable al amanecer? NIC versus US GAAP

Europa, en pos de su unificación contable, apostó por las NIC. ¿Por qué no por los US GAAP? ¡El colonialismo contable habría sido todo un ultraje a nuestro orgullo! El mundo, contablemente hablando, se debate en un pulso entre US GAAP y NIC, cual duelo al amanecer en plan western.

La meca del cine, Hollywood. Los grandes líderes, norteamericanos. Las estrellas del firmamento mediático, nacidas en tierras del Tío Sam. Los grandes inventos del siglo XX, cocidos en los garajes californianos de papás corrientes. El fundamentalismo religioso con más gancho esnob, los telepredicadores de la América profunda. El ingenio informático, típicamente yanqui. La capital económica del mundo, Nueva York. El callejón financiero por antonomasia, la calle del muro, Wall Street. Y el oráculo contable por excelencia, la SEC. Los diez mandamientos, los US GAAP, principios y normas de contabilidad generalmente aceptados en Estados Unidos. El catecismo, los estándares del FASB (Financial Accounting Standards Board). ¿Estamos o no estamos con toda esa mochila? La letanía, las NIC. De tal guisa que los cánones gringos se catapultan como el santo grial contable. El ser o no ser de los estados financieros depende del inconfundible aroma “made in USA” que desprendan.

Criterios contables de rancio abolengo y alta estofa, los norteamericanos, mucho más atinados que los ancestrales postulados europeos apegados en exceso a raíces antes jurídicas que económicas – activación o no de inversiones en leasing – y con rematadas ínfulas fiscales – amortizando según sentencie la santa Hacienda Pública -. De ahí que en USA, con la SEC a la cabeza, se consideren de inferior linaje los referentes contables de la vieja Europa, referencia de segunda clase, no nos engañemos. Cualquier compañía made in Europa con ambiciones de cotizar en Wall Street somete sus números al solemne y exigente proceso de purificación norteamericano. Visado ineludible para pisar el parquet neoyorquino equivalente a un descuartizado contable completo, en plena regla. DaimlerBenz, en 1993, mordía el polvo: de ganar 168 millones de marcos alemanes, en el primer semestre de ese año, a perder 949 millones y Hoechst, en 1994, repetía humillación: al conciliar sus cuentas con los US GAAP allá donde cosechaba superávit por 1.700 millones de marcos. La santificación USA le dio la vuelta al punto de apechugar con un déficit de 57 millones de marcos. Por citar sólo dos casos y obviar menciones hispanas, dolorosas, verbigracia cuando una gran empresa presentaba, un par de años atrás, unos beneficios acá de más de 2.000 millones de euros – portada en la prensa nacional – transformados por arte de las reglas norteamericanas en cerca de 7.000 millones de dólares de pérdidas – sin noticias por aquí -. ¡Pardiez! No falla: culturas distintas, contabilidades discrepantes, resultados enconados.

Europa, en pos de su unificación contable, apostó por las NIC. ¿Por qué no por los US GAAP? ¡El colonialismo contable habría sido todo un ultraje a nuestro orgullo! ¡Contabilidad forastera en casa! Además se partía de un “corpus” sólido, estable aunque dinámico, permeable y sensible a nuevas corrientes, consolidado, sobre el que desarrollar postulados más en línea con el ser y sentir europeo con proyección global: las NIC. El mundo, contablemente hablando, se debate en un pulso entre US GAAP y NIC, cual duelo al amanecer en plan western.

En el despuntar de esta centuria el distinguido pedigrí contable made in USA entra en barrena a causa de la ristra interminable de escándalos contables cifrados en millardos de dólares. Aquella grandeza financiera no exenta de opulencia económica, a golpe de inflar ingresos y activar gastos, girar préstamos obtenidos encarándolos hacia mayores ingresos, de las Enron, WorldCom, Tyco, Global Crossing, AOL Time Warner, Ahold o la mismísima Disney y sus veleidades con los consejeros independientes, con suma y sigue, se hundió en bajeza contable salpicando a reputados bancos de negocios acusados de complicidad por la comisión de fraudes que hoy hacen frente a mayúsculos desembolsos para zanjar sus litigios. Legiones de sociedades de propósitos especiales – su etiqueta habla por sí sola-domiciliadas en paraísos fiscales –el relato prosigue-, para esquivar las duras exigencias contables norteamericanas y, de consuno, carismáticos ejecutivos con sus opciones sobre acciones, percibiendo bicocas y mamandurrias en tropel, al son del american way of accounting, agrietaron los US GAAP. Ingredientes para una novela contable condenada a “best seller”. Hombres ricos, hombres pobres.

Aquel credo contable de pata negra y sabor genuinamente USA se desmoronaba. Entretanto, con el beneplácito de la UE las NIC, pronunciamientos tachados como de cuarta categoría por la SEC, iban labrando su prestigio. Las políticas contables europeas, con menos chinchorrería, primando el fondo sobre la forma en las transacciones, impidiendo que acuerdos de financiación se disfracen como ingresos ordinarios, poniendo coto a relaciones con entidades de cometido especial, insistiendo en la continuidad empresarial, despojándose de atavismos acusadamente legales y priorizando en el control sobre los recursos económicos, desembarazándose de ataduras fiscales, fraguan. Las NIC resuenan y adquieren carta de naturaleza.

Hoy, las sociedades europeas con cotización bajo el paraguas de la SEC se enfrentan a una disyuntiva: presentar sus estados financieros con arreglo a los US GAAP o mantenerlos en clave NIC, en cuyo caso se ha de conciliar con los US GAAP la composición del patrimonio neto y la cuenta de resultados, mientras que la UE permite a las empresas americanas presentar sus cuentas consolidadas en formato US GAAP. No hay vuelta de hoja: o USA adapta su normativa contable para facilitar el trabajo de las empresas europeas que cotizan allí o Europa tomará medidas drásticas imponiendo a las empresas “made in USA” la presentación de sus cuentas en formato europeo. O todos moros o todos cristianos. ¿Duelo al amanecer? Más tarde o más temprano.

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