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El Periódico de Catalunya

Entrevista a Doctor Christian Chams, Especialista en medicina estética

"Trato a muchas princesas, por no decir a todas"

Las manos de Christian Chams son unas de las más afortunadas del mundo. Por ellas han pasado personajes de diferente linaje, como Camila Parker-Bowles, Sharon Stone, Isabel Preysler o Silvio Berlusconi. Nadie se resiste a las milagrosas inyecciones antienvejecimiento de este doctor francés. Su lista de pacientes –miles- se extiende por todo el mundo.
Ejerce en París pero tiene una suerte de clínica itinerante con la que trata a personas de todo el mundo. Debe ser complicado compatibilizar su clínica en París con sus numerosos viajes. ¿Cómo se organiza?
Todos los días tengo que coger un avión. Me levanto a las cinco de la mañana, me monto en el avión a las siete y dos horas después, comienzo con los tratamientos, esté donde esté. En cierto sentido doy gracias por las mejoras que ha habido en ese campo (risas).

-¿Dónde vive?
En los hoteles y en los aeropuertos. No tengo casa. En los aeropuertos me conocen de sobras y las trabas para pasar el material son menos, porque no todo lo que necesito lo tienen en las clínicas que visito y traigo desde París los ingredientes que me hacen falta.

-He leído que creció en una casa llena de espejos y que su madre estaba obsesionada con la belleza. ¿Esto le ha llevado a llegar donde está?
Completamente. Yo estaba enamorado de mi madre, me hablaba de sus cosas y a mí me daba igual que tuviera arrugas. Pero esto indicaba que se hacía vieja y que podía morir. Es algo que me obsesionó y por lo que me incliné por la medicina estética.

-¿No tendría miedo al bisturí?
No. En EE.UU. vi que los resultados de la cirugía eran muy artificiales. Yo prefiero dejar a mis pacientes con dos arrugas, pero con una cara normal y natural.
 El Doctor Chams, de vuelta a París, se encontró los albores de la medicina estética. Jugueteó con productos homeopáticos y, poco a poco, fue montando su imperio.  De las investigaciones, años de  esfuerzo, trabajo y experiencia han hecho que sus afamadas pacientes luzcan 15 años de menos.

-¿Ha descubierto la pócima mágica de la eterna juventud?
No es cuestión de magia, es la experiencia, la visión de la belleza. Conocimiento de la piel y los productos. Conocimiento de las propias posibilidades y límites que dan este poder de actuar contra el tiempo y el envejecimiento.

-¿Las cremas no son suficiente?
Están bien, sobre todo para hidratar la piel y dar luminosidad. Pero no son suficiente para la flacidez y las arrugas.

-El mito de la eterna juventud es un recurso en el mundo de las artes, ¿qué opina?
Creo que es un poco exagerado. Balzac escribió “Una mujer de treinta años” y en él retrató  a una joven que tenía treinta años, cinco hijos, seguramente sobrepeso y flacidez… En la actualidad una mujer de esa edad es jovencísima. La medicina estética puede retrasar el envejecimiento y, en cierto sentido, se acerca cada vez más a ese mito de la eterna juventud.

-Los precios de sus consultas indican que no son tratamientos al uso. ¿Qué les hace tan especiales?
La gente viene a verme con mucha tranquilidad porque sabe que no voy a cambiar su cara. Ellos quieren rejuvenecer pero no cambiar.

-¿El boca a boca es el culpable de su éxito?
Sin duda. Cuando trato a una reina sé que en los próximos meses trataré a dos o tres más. La mayoría de la gente que viene a la consulta lo hace recomendada por otros pacientes, así que sí, creo que el boca a boca es la mejor publicidad que tengo.

-¿Cree que el campo de la belleza es elitista?
Lo fue hace años, pero ahora no es así. La gente cuando oye hablar de mí, piensa en las estrellas y las famosas. Eso es la verdad pero trato también a mucha gente normal, quiero decir de  de la calle.

-¿Es sano que las madres parezcan más jóvenes que sus propias hijas, como Isabel Preysler?
Las hijas, cuando vean que se pueden conseguir esos resultados, harán más esfuerzos para estar mejor que sus madres. La nueva generación como Tamara, la hija de Isabel, comenzará más pronto con los tratamientos y llegará a los 70 años casi sin arrugas.
 Y de la reina del papel cuché a la realeza de carne y hueso, que tampoco se resiste a las manos del doctor Chams. “Trato a muchas princesas, por no decir a todas. Cuando la gente ve los efectos en ellas, tienen muchas más ganas de probar un tratamiento.”

-¿Qué diferencia hay entre tratar a una reina o a un anónimo?
Ninguna. Me encanta tratar a todo el mundo. Para mí, trabajar cada cara es como una obra de arte. 
 La receta del Doctor Chams va mucho más allá de sus potingues, porque si hay algo que le ha aupado al éxito es el sudor de su frente. Duerme cinco horas y a las siete de la mañana ya está en el aeropuerto dispuesto a enfrentar una nueva jornada laboral en la que atenderá entre 50 y 60 personas. A ese ritmo recorre toda Europa, de lunes a domingo. Inglaterra, Italia, España, Portugal y Francia son habituales. A los que se suman tres o cuatro veces al año Moscú y los Países Árabes, donde trata a “todas” las mujeres de los jefes de estado. 

-¿Por las mañanas recuerda qué teléfono debe encender?
Durante 10 minutos trato de no pensar en dónde estoy. Me ducho, desayuno y poco a poco me voy ubicando.

-¿Ha pensado en asegurar sus manos?
Sí, pero no lo están aún. Sin manos no sería nada, siempre he sido muy manual.

-Las españolas ¿qué tal clientes somos?
Fenomenales. Me encanta tratarlas, es gente muy coqueta que empieza a tratarse muy pronto.

-¿En qué flojeamos aquí?
No se es consciente de los riesgos del sol. Para la piel es peor tomar el sol que fumar.

-Se dice que la belleza está en el interior. Como  médico estético, ¿qué opina?
Está en los dos, si no hay belleza interior, la exterior no vale nada y al contrario, igual. 

Sus cifras

500-700 euros cuesta cada sesión del tratamiento completo de cara, que incluye cuello, escote y manos. El precio depende de la cantidad de producto necesario. 

20% de sus pacientes son hombres. Aunque  cada vez son más los que pasan por su consulta, ellos no se animan hasta los 40. Sus preocupaciones: las ojeras y la papada. Los italianos, haciendo gala de su fama, son los más adictos a las vitaminas. La mitad de los clientes de Chams en Milán son hombres. Y para dar ejemplo, el mismísimo ex-primer ministro Silvio Berlusconi.

30-35 años es la edad que recomienda para comenzar con sus tratamientos antienvejecimiento. . La edad para iniciarse dependerá del tipo de vida que se lleve. El tabaco y la excesiva exposición al sol hacen que la piel envejezca antes. 

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