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El Periódico de Catalunya

Rafael de Vicente, Ingeniero Agrónomo de BEJO Ibérica

BEJO, valor añadido para la cadena alimentaria

Comer es una actividad cotidiana que realizamos a diario. Muchos la disfrutan, algunos la realizan de manera más rutinaria, otros le otorgan el rito social que supone hacerlo en buena compañía. El caso es que todos hemos de realizar esa acción varias veces al día. Cuando estamos sentados ante un buen plato de carne o pescado, ante un humeante arroz o ante una deliciosa combinación de verduras, percibimos a través de nuestros sentidos visual, olfativo y gustativo una serie de características intrínsecas de esos alimentos que nos invitan a degustarlos y disfrutarlos.
La mayor parte de las verduras las consumimos en fresco o tras una ligera cocción, de tal forma que mantenemos intactos sus componentes funcionales (que aportan beneficios para la salud como, por ejemplo, antioxidantes) y sus características organolépticas (color, sabor, olor…) Estas hortalizas han seguido un fascinante proceso hasta llegar a nuestro plato. Para entenderlo, hemos de remontarnos al principio.
 
   Antes de entrar en nuestra cocina, la verdura ha sido adquirida en un supermercado o en una frutería. Estos comercios eligen aquellas que son de mejor calidad, que pueden ser suministradas prácticamente todo el año y que están en las mejores condiciones para ofrecérnoslas a sus clientes, conocen bien nuestros gustos.

El papel de los agricultores
Para ofertar calidad, ellos han de exigir un compromiso de calidad y continuidad a los agricultores, productores de hortalizas. Estos forman parte de un sector que se halla muy profesionalizado y existen muchos protocolos que garantizan la calidad y salubridad de los productos agrícolas.

    Así pues, ellos tienen que producir calidad y cantidad, con continuidad, para optimizar la operatividad de su negocio, pero han de hacerlo de una forma racional y sostenible. Para alcanzar estos objetivos, los agricultores trasladan las necesidades de la cadena a las casas de semilla, exigiendo variedades hortícolas que sean atractivas a los mercados, que puedan ser producidas todo el año y que aseguren unos rendimientos económicos mínimos. Es en este eslabón de la cadena donde BEJO, como empresa obtentora, productora y comercializadora de semillas, juega su papel de responsabilidad hacia el consumidor y hacia la naturaleza. De hecho, trabajamos en complicidad con ella.

    Las variedades hortícolas son seleccionadas mediante la combinación de procesos tradicionales de mejora genética y tecnología punta, sin que ello conlleve manipulación genética alguna. Ser cómplices de la naturaleza y trabajar con ella forma parte de nuestro bagaje genético. En nuestros procesos de obtención de variedades empleamos variaciones genéticas que se dan de forma absolutamente natural. Es simplemente una cuestión de selección y combinación. Como resultado, obtenemos variedades con valor añadido para la cadena alimentaria.
 
   Éste es, básicamente, el proceso que hay detrás de esa deliciosa verdura que está ahí delante, en su plato. Su consumo nos aportará un elevado bienestar y una mejor salud. Buen provecho. 

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