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El Periódico de Catalunya

Entrevista a Dra. Josefina Llagostera, Pediatra del Hospital dels Nens de Barcelona

"Unos buenos hábitos de alimentación, higiene, ejercicio y descanso son fundamentales para el crecimiento de niños y niñas"

El paso de la primavera al verano, con el fin de curso y las vacaciones a la vista, no sólo conlleva la llegada de una serie de enfermedades, sino también un cambio en las rutinas diarias de los niños. La Doctora Josefina Llagostera repasa la mayoría de temas que deben tener en cuenta los padres en los próximos meses de cara a la salud de sus hijos.
-¿Cuáles son las enfermedades infantiles más comunes en esta época del año?
No existe una enfermedad propia del paso de la primavera al verano, pero sí  que se dan con mayor incidencia los virus, como por ejemplo la varicela, que es menos agresiva en  los niños vacunados, o el eritema infeccioso, que conocemos como la enfermedad de la bofetada. También aumentan rinitis, conjuntivitis, sinusitis, asma, etc., que pueden estar causadas por las alergias.

-Hablando de alergias, ¿qué síntomas nos pueden hacer pensar que nuestro hijo o hija es alérgico?
Si vemos que con asiduidad tiene los ojos rojos y le lloran, estornuda constantemente al levantarse, por ejemplo, tiene mucosidad constante, bronquitis, etc., tal vez sufra una determinada alergia. También en esta época pueden darse reacciones alérgicas a picadas de insectos, urticarias o dermatitis. Los padres deben estar atentos y tomar medidas preventivas si saben que sus hijos son alérgicos.

-¿Debe ser la alimentación de esta época del año diferente de la de otras estaciones?
Los buenos hábitos de alimentación deben mantenerse siempre, sea la estación que sea. Es cierto que en esta época podemos disfrutar más de la fruta, por ejemplo. Los niños deben tomar al menos dos piezas de fruta al día, verdura o ensalada diaria y legumbre al menos tres veces a la semana, todo ello combinado con carne y pescado en la justa mesura. Aplicar la dieta mediterránea.

-A menudo, las verduras se quedan en el plato…
Esa es la labor de los padres:  transmitir buenos hábitos. Hay que comerse la carne pero también la ensalada que la acompaña. Nosotros atendemos a menudo a niños malnutridos, que, por ejemplo, sólo comen hamburguesa y pasta. Incluso atendemos a niños que con siete u ocho años ya tienen niveles altísimos de colesterol, fruto de una mala dieta. Si no controlamos esto, podemos encontrarnos a la larga con adultos obesos o con serios riesgos cardiovasculares.

-¿Debemos cenar viendo la tele?
No es recomendable, la cena es un momento que puede ser muy bonito para toda la familia. Tal vez es la única comida diaria común y hay que aprovecharla para compartir experiencias, explicar cosas que han ocurrido e incluso para que cada miembro de la familia vaya asumiendo roles, como poner la mesa, recoger, lavar platos, etc. La tele debe verse sólo cuando nos interese,  no llegar a casa y encenderla.

-Otro tema importante es la higiene de los niños...
Hay que ser racional, en verano la ducha debe ser diaria pero rápida y sin abusar de jabón, ni gel; existen jabones sin detergentes que son poco agresivos. El baño, las cremas, etc. sí que son recomendables para los más pequeños, los lactantes, ya que para ellos es una experiencia sensorial. Con los más mayores hay que negociar los baños, pueden hacerse de vez en cuando, pero diariamente la ducha con un jabón suave es suficiente y menos agresiva para la piel. Y un tema fundamental de la higiene es la boca. Hay que tener una boca sana y lavarse  los dientes, cada uno según edades con sus características, al menos dos veces al día, ya que una correcta digestión empieza en una boca sana.

-¿Y qué ropa deben llevar?
En la medida de lo posible, ropa elaborada con tejidos naturales, fresca, amplia y que no tenga lazos ni partes muy estrechas. Lo mismo con el calzado, que debe ser amplio y ventilado. Ropa cómoda, lavada con detergentes de calidad y si puede ser que se haya secado tendida al sol.

-Y el sueño, ¿con la llegada del verano se van a dormir más tarde?
Alimentación, higiene, ejercicio y descanso son los pilares en los que se basa el crecimiento de cualquier niño o niña. El descanso es fundamental, ya que durante el sueño se generan determinadas hormonas fundamentales en el crecimiento. Un niño de preescolar debe dormir entre 10 y 12 horas al día, y el resto, digamos de entre 6 a 12 años,  al menos 10 horas. No puede ser que el niño se vaya a dormir a las  11 de la noche y se levante a las 7 de la mañana. Si en verano se van a dormir más tarde, deben levantarse también más tarde.

-¿Cómo debe ser el momento de irse a dormir?
Hay que dejar pasar un tiempo prudencial después de cenar, lavarse los dientes y acompañarlos a su habitación. Una vez allí, es otro momento excelente para explicar un cuento, continuar hablando de cómo ha ido el día e incluso hablar de las expectativas del día siguiente.

-Tenemos el fin de colegio a la vista y un poco más allá las vacaciones ¿Cómo enfocarlas?
Las colonias, esplais, casales, etc. son lugares muy interesantes para  los niños, les supone una ruptura con la rutina escolar, aunque a veces se realice en el mismo escenario. En estos espacios se relacionan con otros niños y realizan un aprendizaje más lúdico. Los padres deben mantener todas las rutinas de alimentación, higiene y descanso antes citadas y adaptarlas al verano.  

Una tarde después del cole
Lo primero que señala la Dra. Josefina Llagostera, Pediatra del Hospital dels Nens de Barcelona, es que los padres deben ser conscientes que “sus hijos les necesitan”. Por muy bien que lo hagan canguros y abuelos, los padres (padre o madre) deberían intentar, cada día, recogerlo en la escuela. De hecho, señala, “los niños realizan una jornada laboral completa, de ocho horas y a menudo sólo ven a sus padres un momento por la noche.”  Para la doctora, una rutina satisfactoria después del cole se basaría, ahora con el buen tiempo, estar un rato en el parque, si el niño no tiene actividad extraescolar y merendar de forma razonable teniendo en cuenta la hora de la cena. Una vez en casa, antes o después de la ducha, combinar los deberes, las tareas domésticas y ocio que puede ser ver un rato la tele o jugar. Después de cenar  y una vez lavados los dientes, es el momento del cuento o la historia, paso previo para el sueño en el que el niño debe descansar como mínimo 10 horas.