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El Periódico de Catalunya

Huesca, todo a tu alcance

Tanto sus gentes, abiertas y amables, como sus rutas monumentales, arquitectónicas y gastronómicas, pasando por su cultura, fiestas y costumbres, o el sinfín de actividades que ofrece al visitante, la ciudad de Huesca se alza como un enclave de obligado peregrinaje. Descubramos más de sus incesantes secretos a partir de estas líneas.
La ciudad aragonesa de Huesca cuenta con 51.000 habitantes y se presenta como una pequeña urbe con todos los servicios y equipamientos para procurar una estancia agradable y diversa. Conserva su sosiego y cercanía, guarda un pasado milenario e invita a vivir sus tradiciones, al tiempo que muestra su vitalidad e incorpora las más novedosas vanguardias.
Uno de los rasgos que caracterizan a la ciudad aragonesa de Huesca es la huella que conserva de su historia milenaria, en forma de restos arqueológicos o edificios. Las estrechas calles de su casco antiguo, que dan idea del trazado urbano que se escondía entre sus murallas medievales, todavía hoy guardan el recuerdo de visigodos, musulmanes o guerreros del norte, entre los que destaca Roldán, vecinos del lugar en algún que otro momento de la historia oscense.
Entre las joyas arquitectónicas de la ciudad, se encuentran tanto la Catedral como la Universidad de Huesca, que fue construida en 1354 y suprimida en 1845, época de epidemias y milagros. Otros edificios emblemáticos son el Ayuntamiento, San Lorenzo, San Vicente, Santo Domingo, etc. Ya en el S. XIX, Huesca se convirtió en capital provincial y se abrió al progreso del ferrocarril (año 1864), luego internacional (Canfranc, en 1928), hasta alcanzar un siglo XX que acabó de perfilar la actual ciudad en cuanto a materia arquitectónica.

Numerosas posibilidades de ocio
Huesca y su comarca constituyen un espacio abierto, aún por descubrir en su belleza y en sus múltiples posibilidades para una estancia reposada o de ocio activo y deportivo. O también para alternar ambas, disfrutando de singulares rincones y edificios de la ciudad y los pueblos, el recuperado patrimonio artístico y natural, la peculiar configuración del paisaje, único y diverso, y la emoción de una naturaleza viva. .
En torno a la ciudad, una red de senderos y para bicicleta, ermitas (San Jorge, Salas, Cillas, Jara, Santa Lucía, Loreto…), fuentes, albercas o el castillo de Montearagón. En la comarca de la Hoya, siempre a menos de 30 minutos, el castillo de Loarre, la fortaleza románica mejor conservada de Europa, los Mallos de Riglos y Agüero, el monasterio de Casbas y un sinfín de pueblos con encanto e historia.
También es posible jugar al golf, en Arascués-Nueno; volar en velero o avioneta en el aeropuerto Huesca-Pirineos; practicar el windsurf en Arguis y Tormos; descender ríos en canoa o rafting en el Gállego; hacer puenting y pasear a caballo en Huesca, o incluso a camello en Tardienta; escalar en Vadiello, volar en parapente, descender barrancos adentrándose en el Parque Natural de Huesca... Todo tiene cabida en Huesca.
Finalmente, breves desplazamientos (en torno a una hora), permitirán acceder al esquí en Formigal, Panticosa, Astún, Candanchú o Cerler, y a toda la riqueza ambiental e histórica de las comarcas y condados del viejo Reino de Aragón; visitar el Parque Nacional de Ordesa, el Valle de Ansó y Hecho, el Aragón, Valle de Tena, de Benasque, el Somontano, observar las bellezas de las cimas pirenaicas, el arte del Serrablo, Sobrarbe y Ribagorza, y la joya oculta de los Monegros.

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