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La Gaceta de los Negocios

Alfons Puigarnau, ESARQ-Universitat Internacional de Catalunya

Hacer Arquitectura

Hoy parece que hacer arquitectura equivale, en el mejor de los casos, a transformarse en una estrella del cine o bien, si no se triunfa, a morir de aburrimiento delante de un Para-Lex o de una pantalla de ordenador, o ignorado en un despacho de medio pelo.
 Y viene bien traer este tema porque hace poco perdimos a uno de los grandes de la Arquitectura Moderna, que supo alcanzar el star-system sin dejar de ser el chico que nacía en Cleveland en 1906 cuando en América había que empezar haciendo de ascensorista o de repartidor de colmado.
 Es lógico que el mundo de la arquitectura haya temblado al conocer la desaparición del gran Philip Cortelyou Johnson. Hay aquí un tema histórico, que es siempre de incumbencia.
Johnson fue uno de los pioneros en el estudio de la arquitectura europea. En 1932 pasaba por ser uno de los pocos hombres de su tiempo conscientes del nacimiento de un Estilo Internacional. Su propia casa en Connecticut revoluciona la esfera mundial en 1949, y le conecta en directo con Mies Van der Rohe, con quien colaborará para el Seagram de Nueva York.
 El mundo está conmovido por la muerte de un hombre que lucía el mismo modelo de gafas que Le Corbusier. Nos impresiona saber que fue capaz de traer la arquitectura romántica de Schinkel al Movimiento Moderno. Johnson ganó en 1979 el Premio Pritzker en reconocimiento por sus cincuenta años de imaginación y vitalidad, proyectados en un montón de museos, teatros, bibliotecas, casas, jardines o edificios corporativos.
 Johnson supo acercar América y Europa. El Viejo Continente entraba en un segundo conflicto mundial, en una guerra total sin precedentes, que arrasaría con ciudades enteras. La conciencia arquitectónica de Europa moría sin dejar rastro y, tras ella, aparecería una nueva imagen de sí misma, más fresca y joven, haciendo tabla rasa de la Historia y del hecho arquitectónico y urbanístico. Y ahí Philip Johnson aprovechó el momento.
 Huidos del conflicto bélico, tipos como Mies o Le Corbusier fueron comprendidos por el joven Johnson, licenciado arquitecto en 1930 en la Universidad de Harvard y cuya tesis en arquitectura, años más tarde, sería su propia casa: la Glass House de 1949. Ahí se cuece el arquitecto; ahí se curte, se moja o de hace. Ahí pasa de botones de Motel a elemento vital de un star-system que lo adora y lo eleva, con los años, a la categoría de genio y padre del Movimiento Moderno.
 Lamentamos la pérdida del arquitecto Johnson, y nos queda, para la Historia y para el día a día de nuestra arquitectura la lección de un trabajador que supo entrar en una nueva Galaxia. Gracias.
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