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La Vanguardia

Eduardo Espejo Iglesias, Economista. Socio Director de Fide Asesores Legales y Tributarios

Biocarburantes, demodé en la pasarela administrativa

Pese a su relativa corta existencia, los biocarburantes empiezan a ver cómo de estar de moda, empiezan a estar “demodé”. Hoy en día se sigue hablando mucho de ellos, pero no con el optimismo de antaño sino que se hace con un sentimiento de lo que pudo llegar a ser. A estas alturas conocemos prácticamente todo sobre ellos, no ya solo su origen, el aceite vegetal o el etanol, sino también que podemos obtener biocarburante de plantas tan extrañas para el gran público como la jatropha, incluso hasta de las algas. Los hay incluso, los más avanzados, que solo hablan del Éster Metílico (FAME) o del ETBE. Pero a pesar de este conocimiento tan general, lo que no son tan populares son las  dificultades y los numerosísimos obstáculos que el biocarburante se ha encontrado en el camino de alcanzar un objetivo de consumo adecuado y cotidiano. España, en comparación con otros países de la UE de nuestro entorno, se encuentra bajo mínimos en el uso de biocarburante.

¿Por qué esta situación?
En primer lugar, si analizamos la fase de fabricación, se puede observar que el Bio fabricado en España tiene que competir en inferioridad de condiciones con el fabricado en otros países. Esta competencia entre países, regla básica en el libre mercado, se convierte en peligrosa cuando la producción está subvencionada por la administración del país de origen. Éste es el caso de Estados Unidos por ejemplo y la consecuencia ha sido que desde el año 2007, ante la pasividad de la administración española, el mercado nacional se encuentra abarrotado de un producto americano mucho más barato que lo que cuesta producirlo en España, alcanzando niveles del 70% del mercado. Esta situación ha dañado considerablemente a la industria española del biocarburante impidiendo que se extiendan con normalidad los canales habituales de distribución y favoreciendo la especulación rápida del producto americano al ritmo de la cotización platt´s del gasóleo.

Hace tan solo hace unos días, en mi opinión ya muy tarde pues solo hay que ver las plantas que han cerrado o que en estos momentos se encuentran en situación concursal, que la Comisión Europea, de forma provisional, ha adoptado medidas arancelarias antisubvención y antidumping contra el biodiésel procedente de Estados Unidos. Casi con seguridad en un futuro próximo serán necesarias medidas similares respecto del biocarburante de países como Argentina o Malasia.

 En segundo lugar, el biocarburante es considerado por muchos como un sustituto del carburante de origen fósil, en vez de considerarlo como lo que en el fondo es, un carburante más que se pone a disposición del consumidor y que sin duda contamina menos. El biocarburante debe conseguir su propia demanda de la misma forma que la tienen las bolsas de papel reciclado comparadas con las de plástico. La sustitución del carburante de origen fósil por el de origen vegetal hoy por hoy es imposible y su recorrido tiene que ir en paralelo, cada uno por su lado, cada uno con su mercado. Prueba de ello es que las grandes compañías petroleras, como ya lo ha hecho Shell, van abandonado todas sus inversiones en el sector de las energías renovables, incluidos los biocarburantes.

El papel de la administración
Por ultimo, el papel de la administración ha sido a mi juicio muy desafortunado. No pretendo con esta calificación reclamar subvenciones a la producción como en Estados Unidos, ni reclamar una regulación especial, ya que parece ser que todo está reglamentado, sino por lo menos aplicar las normas ya existentes, ejecutar lo ya legislado y apostar de hecho y no solo de palabra, por medidas fiscales que ayuden al mercado natural de los biocarburantes a crecer. ¿Para qué sirven las normas si no se cumplen? Efectivamente, la Ley 12/2007, de 2 de julio, por la que se modifica la Ley 34/1998, de 7 de octubre, del Sector de Hidrocarburos, con el fin de adaptarla a lo dispuesto en la Directiva 2003/55/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 26 de junio de 2003, estableció una cuota obligatoria para el año 2009 de uso de biocarburante del 3,4 % de los carburantes fósiles utilizados en el transporte, siendo de 5,83% para el 2010. Sin embargo esta ley solo establece la obligación de uso, pero no regula quiénes son los sujetos obligados. Un año y medio después de aprobar esta obligación de uso, y a través de la Orden ITC/2877/2008, de 9 de octubre, por la que se establece un mecanismo de fomento del uso de biocarburantes y otros combustibles renovables con fines de transporte, se fija quiénes son los sujetos obligados y se crea al mismo tiempo un sistema de certificados encomendando a la Comisión Nacional de la Energía la regulación concreta de la obligación. Con este marco normativo, nos encontramos que en el año 2009 los operadores al por mayor de productos petrolíferos tienen la obligación de mezclar su carburante fósil con un porcentaje de biocarburante, pero la realidad es que todos los sujetos que intervienen en el mercado de los carburantes se encuentran algo desorientados, y el principal afectado, como siempre, es el consumidor. La CNE ha publicado recientemente la Circular (Circular 2/2009 de 26 de febrero CNE) que implementa el mecanismo de funcionamiento y relaciones entre los sujetos obligados y otros sujetos como son, por ejemplo, las terminales de almacenamiento; sin embargo estamos a la espera de su aplicación porque no han facilitado las herramientas para hacerla efectiva. En otras palabras, en estos momentos, cuando repostamos nuestro vehículo no tenemos ni idea de la cantidad de biocarburante que lleva incorporado, y lo que es más grave, la CNE tampoco.

En orden tributario no podemos olvidar que el biocarburante lleva incorporado un impuesto que sin duda encarece el producto y, si bien tiene un tipo especial de cero euros para el Impuesto sobre Hidrocarburos, no ocurre lo mimo para el Impuesto Sobre Ventas Minoristas (IVMDH) que tributa a 24 euros/1.000 litros. Además, ese tipo tributario de cero euros pierde todo su pretendido atractivo cuando las normas de gestión de los impuestos establece una serie de obligaciones formales tan expeditivas que hacen imposible la circulación de este producto con agilidad. Como prueba de ello léase el artículo 108 bis del RD 1165/95, por el que se aprueba el reglamento de los impuestos especiales. Ni siquiera en la gasolina o en el gasóleo exento, donde el riesgo de fraude es mucho mayor, existe este control tributario tan férreo.

Ante este cuadro, difícilmente el mercado del biocarburante conseguirá una normalidad como ha ocurrido en otros países de la UE. Eso sí, los políticos se llenan la boca diciendo que en nuestro país existe una cuota obligatoria de uso de biocarburante. Veremos qué nos depara el futuro.