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El Periódico de Catalunya

Redacción

Editorial

La alimentación, en los tiempos que corren, se ha transformado en un concepto que va mucho más allá de lo que tradicionalmente suponía tan sólo comer y crear defensas. A día de hoy, con todos los vaivenes, los discursos, las modas y las producciones masivas de nuestra sociedad de consumo, el acercamiento es otro: los alimentos se han convertido, por un lado, en una ingesta obligada y necesaria, un equilibrio del tiempo y las habilidades culinarias en ese espacio escaso del que disponemos, y, por otro, al arte de comer se lo coloca en un pedestal, dando lugar a modas tan sugerentes como las rutas gastronómicas, el seguimiento popular de los “chefs Michelin” o el deseo de poder reservar en alguna de sus mesas. Esto supone una paradoja, bien mirado, porque estamos atentos a la excelencia de lo que tomamos, pero, sin embargo, no disponemos del tiempo y, en muchas ocasiones, del poder adquisitivo para poder seguir una buena dieta (mediterránea) y ello nos aboca a un índice de obesidad infantil sólo un punto por debajo de los países que han ocupado tradicionalmente el número uno del ranking.

Interesa señalar que en Catalunya se sigue muy rigurosamente el control higiénico-sanitario, como es la trazabilidad de los productos autóctonos, así como la cuestión tecnológica, en pro de preservar los dominios en donde los ganados y los cultivos encuentran su mejor espacio de crecimiento; de ahí que desde los organismos oficiales se tenga especial cuidado en preservar estas especificidades del país mediante la concesión de distintivos de calidad (DOs, IGPs, etc.) y asegure el cumplimiento normativo de los Consejos Reguladores.

Quizás el doble objetivo en nuestro país de todo lo referido con la alimentación –por un lado, cubrir una necesidad básica para las personas y, por otro, desde un punto de vista económico, como un sector importante para el tejido empresarial- pase por conseguir un equilibrio entre lo tradicional (fomentando la tipicidad y la autenticidad) y lo saludable (lo que marcan los estudios científicos sobre nutrición), todo ello envuelto en una imagen atractiva para el consumidor, tanto para el de aquí como para el de fuera (no en vano, llegar al mercado internacional debería ser uno de los objetivos para nuestro sector alimentario).

Cabe comentar, por último, que se aprecia por parte de ganaderos, comerciantes, productores, agricultores y empresas la voluntad de ajustar esta denominada calidad a los bolsillos de los ciudadanos, más ahora que se avecinan fechas de gran consumo alimenticio. De todo ello quiere dar cuenta este Especial Alimentación Sana y de Calidad y acercar a los lectores a una realidad que, aun y en nuestra atareada época, les sea propicia para saber comer bien y disfrutando.