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El Periódico de Catalunya

Entrevista a Esmeralda Arigüel, Directora Terapéutica de SINESIS

"La adicción es un enfermedad perturbadora y maldita"

Esmeralda Arigüel, terapeuta de Sinesis, ve el perfil compulsivo como el más proclive a consumir estupefacientes

-Las personas que no tienen contacto con la enfermedad, ¿cómo la ven?
Es una enfermedad perturbadora y maldita. Por eso Sinesis tiene que marcar una diferencia. Hay muchos centros de desintoxicación, pero el tratamiento solo no vale. Dejar de consumir es relativamente fácil; una pauta de desintoxicación, unos días asesorado por un terapeuta… Lo realmente difícil es mantener la abstinencia de por vida. Esto es lo que cuesta de verdad y es algo a lo que no todo el mundo está dispuesto, porque mantener la abstinencia supone una serie de cambios a nivel personal que son muy laboriosos y requieren mucho esfuerzo.

-¿Qué sentimientos tienen el adicto?
Rabia, pena, soledad, incomprensión; dolor. Lo que hay en un adicto siempre es dolor. En cuanto escarbas lo encuentras. Y lo que tienes que transmitirle es que el dolor va a desaparecer. Para que alguien haga un proceso tan largo tienes que transmitir esperanza porque si no, ¿para qué?

-¿Se da cuenta el paciente o la familia de lo que está pasando realmente?
En la enfermedad de la adición hay un periodo llamado de silencio clínico, que puede durar años, en el cual el adicto empieza a modificar sus actitudes y su comportamiento, va dándose razones para justificar cada día su incremento del consumo. Durante ese silencio clínico, aunque el adicto no sabe lo que le pasa, empieza una búsqueda de soluciones: se encuentra mal, se pregunta qué le pasa y acaba en el psiquiatra que le suministra antidepresivos. Hay una búsqueda, no sabe las causas de su malestar pero no lo achaca al consumo. Este silencio clínico es tan largo que los cambios son imperceptibles y no salta la señal de alarma. El silencio dura años y los cambios van siendo muy pequeños; es más, el entorno cambia con el enfermo y empieza a dar por buenas cosas que en otra situación no admitiría.

-¿Hasta este momento el enfermo no se ha dado cuenta del problema?
No. Ni él, ni nadie. Para él la culpa siempre la tienen los demás, actúa así porque no le queda más remedio que hacerlo y su manera de evadirse es consumiendo. Nuestra labor es hacerle ir hacia atrás y ver que todo es un error, que el entorno se portaba así porque él estaba mal. La gente tiende a decir que uno bebe porque tiene problemas –esto es algo que está muy metido en la conciencia de todo el mundo–, pero no; tienes problemas porque bebes.

-¿Qué es lo primero que le dice a un paciente con el que se entrevista por primera vez?
Llegan dos tipos de adictos: el que llega totalmente hundido y se quiere morir, y el que entiende que no puede seguir con la vida que lleva pero no tiene mucha conciencia de destrozo. Son dos tipos de pacientes; al primero es muy fácil, sólo tienes que hablarle de dolor y se crea una empatía inmediata. El segundo caso es más difícil, no tiene mucha conciencia del deterioro y tienes que empezar por hacerle ver lo que es realmente su vida.

-¿Efectos distintos a consumos distintos?
En la terapia se ven dos tipos muy claros de pacientes: aquéllos que han utilizado depresores (alcohol) y sufren, y los que han tomado cocaína que sienten que son perfectos y que el mundo está contra ellos. Son personas que no se dejan llevar, por lo que tienes que empezar con autoridad y crear confianza, y eso es muy difícil. Nuestro éxito empieza cuando el paciente ve los primeros beneficios.

-¿Les da miedo tomar las riendas de su vida?
Pánico, terror. Lo primero que tenemos que trabajar es la autoestima. Cuando uno cada día se plantea “hoy no voy a tomar” y vuelve a hacerlo, cuando dejas de creer en ti porque tu palabra no vale nada porque quieres y no puedes. Un día tras otro. A largo plazo esto te destruye. Para ti no vales nada. Y no sabes que estás enfermo.

-¿No son conscientes de que están enfermos?
No. Se pasan el tiempo justificándose. Sienten que su entorno les ocasiona tantos problemas que no queda más remedio que suicidarse o consumir. Por un lado, su autoestima es inexistente, y por otro, a causa de sus inseguridades, les da miedo tomar una decisión. El adicto se deja llevar por la vida y en el momento que tiene que tomar decisiones tiene muchas dificultades porque no sabe hacerlo.

-Los no adictos también tenemos miedo a tomar decisiones…
Con el tiempo te das cuenta de que el adicto es un privilegiado porque aprende a vivir, a relativizar las cosas, a dar importancia a lo que realmente la tiene. Si uno hace un buen tratamiento aprende a vivir. Y ésta es la diferencia con otros tratamientos. La diferencia de nuestro centro es que aprendemos a dejar de lado las connotaciones negativas de la adicción para darle connotaciones positivas. Ser adicto aporta mucho sufrimiento, pero a partir del tratamiento aprendes a ser realmente feliz.

-¿Ésta es una información que dais a los familiares cuando llegan al centro?
Cuando una familia tiene el problema de un adicto en casa, no le puedes decir que hay una vida después. En ese momento tenemos que ser bomberos; hay que apagar el fuego. Pero más adelante, al participar de todo el proceso, ellos mismos entienden el alcance y perseguirán objetivos más ambiciosos. Lo primero es clarificar que la locura ha acabado y que a partir de ese momento va a cambiar todo. Le dices a la familia que su hijo, marido, hermano no está loco ni es mala persona simplemente que está enfermo, que vamos a tratar la enfermedad y que van a recuperar a la persona que quieren.

-¿Qué opina del concepto de prerrehabilitación que se han inventado en EE.UU.?
Eso es algo que allí puede tener éxito porque se habla del tema abiertamente y hay figuras públicas que reconocen su adicción. En España las adicciones están en las cavernas y lo primero que hay que hacer es sacarlas de ahí. ¿Cómo vamos a poder hablar de prerrehabilitación si no somos capaces de hablar claramente de rehabilitación? Si lográramos que la gente hablara de su adicción como una enfermedad… Hay que cambiar la visión del adicto como el vagabundo que arrastra el carrito. El adicto podemos ser cualquiera, una persona normal con una vida hecha, hijos, trabajo.

-¿Cómo se da el tratamiento?
Al principio, el tratamiento está basado en una línea conductual. Hay que enseñar al paciente lo que tiene que hacer. Mientras están ingresados y durante los seis primeros meses a partir de su salida tienen que dejarse llevar, tienen que aprender a cambiar hábitos. A partir de los seis meses el tratamiento será más cognitivo-conductual.

-¿El tratamiento es personalizado?
El tratamiento es uno, pero la “confección” es a medida. Cada uno toma la responsabilidad sobre su vida; cuanto más joven es el paciente más difícil, hay que empezar por construir unos cimientos sólidos y un terapeuta conductual le marcará los ritmos y los tiempos. Aquella persona que ha podido estructurarse antes de que la enfermedad se manifestara ya tiene una base, se le hará crecer.

-¿Hay muchos centros en España?
Sí. Y utilizan diferentes metodologías. La diferencia entre el método de Sinesis y otros es que nuestro método es el de “nunca jamás” (programa libre de drogas), no de “reducción de daños”. Nosotros entendemos la recaída como un fracaso. La diferencia es que cuando trabajas con reducción de daños, el adicto deja de consumir cocaína pero empieza a incrementar otros consumos. Y no solamente eso; cuando el umbral de control disminuya por el consumo, el adicto no podrá evitar consumir cocaína.

-¿Cómo se vive dejar de tomar?
Creo que algunos tienen demasiado miedo a lo que implica dejar de consumir, y hay veces en que uno ya lo da todo por perdido y ha tirado la toalla. El peor es el que tiene idealizado el consumo porque cuesta mucho desmontar esta idealización. La mente hace que olviden los momentos malos por consumo y sólo queden los buenos. Se sabe que uno olvida un hecho traumático para no volverse loco; el adicto rescata lo bueno del consumo, tiene incapacidad para ver lo malo, y lo malo lo transforma en bueno. Cada uno tiene sus síntomas. Hay distintas maneras de vivir la enfermedad y hay gente que la vive de esta manera. Una fase de la enfermedad puede enquistarse y convertirse en forma de vida.

-¿La adicción es una enfermedad mental?
Sí, hay una disfunción cerebral. Está considerada una enfermedad psiquiátrica. Los circuitos neuronales se alteran tras años de consumo. También existen las adicciones psicológicas que crean menos alarma social porque en ellas no interviene una sustancia. La ludopatía es la única adicción psicológica de la que se ha adquirido conciencia en España, la gente pide ayuda cuando el adicto ha llevado a la ruina a la familia. La adicción para la que menos ayuda se pide es la del trabajo porque está bien visto.

-¿Cuál es el punto de diferenciación de Sinesis?
Es muy difícil conseguir que una persona crea en sí misma pero cuando lo consigue tiene un poder de crecimiento personal ilimitado. Al centro llegan personas muy lastimadas que no creen en ellas. En Sinesis trabajamos a partir de eso. A los pacientes se les transmite que hay que volcarse en cambiar aquello que pueden cambiar y aceptar lo que no pueden cambiar. Para hacer todo el proceso hay un paso previo imprescindible que es conocerse. ¿Cómo voy a cambiar si no me conozco? Tengo que conocerme y aceptarme. Una vez conseguido, estoy en disposición de decidir qué quiero cambiar. El problema de la gente es que no se conoce; el adicto en la terapia se enfrenta a algo aterrador: aprender a conocerse.

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