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El Periódico de Catalunya

Entrevista a Dr. Joan Santamaría, Neurólogo de la Unidad Multidisciplinar del Sueño del Hospital Clínic de Barcelona

"Dormir menos de lo que necesitamos nos hace ser más imprudentes"

Los especialistas advierten de que cada vez se duerme menos, y un sueño correcto es fundamental para la calidad de vida

Alteraciones en la capacidad intelectual, en la toma de decisiones provechosas, en el metabolismo, en la inmunidad a enfermedades son algunos de los resultados de la ausencia de sueño, esto es, cuando una persona reduce a la mitad o radicalmente las horas que necesita diariamente. La Unidad Multidisciplinar del Sueño del Hospital Clínic de Barcelona la componen psiquiatras, neurólogos, neumólogos, otorrinos, psicólogos e enfermeras, con consultas de personas con problemas de sueño, interfiriendo en su vida cotidiana.

-¿Qué trastornos físicos y mentales puede generar la ausencia de sueño?
Cuando se reduce a cero o al 50% el número de horas de sueño que una persona tiene por costumbre, habitualmente es entre siete y ocho para la mayoría, lo primero que tienes es somnolencia, disminución del rendimiento en pruebas que requieren una atención continuada y también pérdida de capacidad de tener ideas originales, capacidad de resolver problemas –capacidad de intuición- y se pierde el sentido común, la capacidad de tomar decisiones con conocimiento, se es más imprudente; ello se debe a que partes del cerebro no funcionan bien cuando estás sin dormir. En cuanto al estado físico, si se reduce al 50% el tiempo de sueño que se necesita, se tienen trastornos en el metabolismo de la glucosa, se necesita más insulina para metabolizar bien el azúcar; disminuye la respuesta a los estímulos que el propio cuerpo envía al cerebro indicando la saciedad, de manera que, si estás sin dormir, necesitas comer más para que el cuerpo se “entere” de que está saciado. Existe, pues, una relación entre el aumento de peso y la privación del sueño. Éstos son sólo ejemplos de muchas otras reacciones derivadas de la ausencia de sueño en personas que, durmiendo regularmente un número de horas, las reducen drásticamente. Otro caso distinto es el de las personas que sufren insomnio continuado.

-¿Qué recomienda para optimizar el descanso?
Depende del problema. La gente que no tiene problemas de sueño no necesita nada especial, a los que sí tienen problemas, depende de la causa. Lo que nos decían las abuelas, que siempre se han basado en el sentido común, es lo que aconsejamos: ir a dormir cuando se tiene sueño, no porque se esté aburrido, no ponerse a mirar la TV en la cama… tampoco cenar justo antes de ir a dormir, no tomar alcohol –que mucha gente usa como hipnótico- pues no da un sueño de calidad. No hacer ejercicio físico antes de ir a dormir, pues esto activa el cuerpo.

-¿Hay algunas horas del día en concreto en que es más “aprovechable” el sueño?
Sí. Tenemos un reloj interno que se rige por las variaciones de luz-oscuridad. Debido a esta alternancia, que hace millones de años que funciona, todos los organismos vivos se han adaptado al entorno; todo el metabolismo se va poniendo en marcha un poco antes de que salga el sol para que, cuando te levantes, ya esté todo a punto. Hay un control que se va guiando, regulando, con el mundo, con las actividades físicas, con las horas de ingesta de comida, con las relaciones con los otros… La hora en que es más difícil estar despierto es sobre las 2, 3 de la mañana y al mediodía, y es cuando se producen más accidentes de tráfico. El sueño es distinto a las horas en que el organismo está preparado para dormir que fuera de éstas.

-Breves descansos durante el día, como la siesta, ¿son recomendables?
Depende de las personas. Lo importante es la duración: no hay que dormir mucho. Existe un estudio que observaba cuál es la duración de siesta más provechosa, entre 5, 10, 20 y 30 minutos, sobre todo para personas que la noche anterior habían dormido poco; la mejor, en cuanto a que no deja “residuos” o torpeza es la siesta de 10 minutos. Cuanto más larga es la siesta, más sueño profundo hay, lo cual deja al cerebro un poco torpe durante un tiempo, que tarda media hora o 45 minutos en funcionar correctamente. Con 10 minutos esto no se produce y en cambio se logra el descanso. Normalmente se recomienda a los que sufren insomnio que no duerman la siesta.

- Se sabe que dormir poco es malo, ¿lo es también dormir mucho?
Lo que es mucho y poco varía en las personas, pero dormir más de lo que el cuerpo necesita no es bueno porque lo que hace es disminuir un poco la necesidad de sueño para la noche siguiente, se va durmiendo peor, y se va desmontando el sistema. Es como con la comida, con la bebida, ni mucho ni poco. Éste no es, sin embargo y por desgracia, el problema de la gente, sino lo contrario, que se duerme cada vez menos. No se puede indicar un número concreto de horas para dedicarlas al sueño, alguien necesitará menos y otro, más. La capacidad de resistencia a la privación de sueño la llevamos impresa en nuestro código genético.

-¿Es correcta la expresión “he recuperado el sueño atrasado”?
Nunca se recuperan las horas no dormidas; lo cierto es que cuando no se ha dormido y luego se “recuperan”, las primeras horas son de un sueño más profundo, es más intenso, dura un poco más; se tarda aproximadamente un día en recuperar lo que se ha perdido. Lo mejor es dormir lo que se necesita, esto se sabe si uno puede mantenerse en sus actividades normales sin sentir somnolencia o cuando al estar de vacaciones, sin horarios, uno duerme más o menos lo mismo que en condiciones habituales.

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Dormimos cada vez menos

El comportamiento que se está dando respecto a las horas de descanso suele ser el de reducir las horas de sueño durante la semana y “recuperarlo” los fines de semana. Ciertamente, se tiene más tiempo y no hay tantas obligaciones que atender. El Dr. Santamaría comenta: “Ahora tenemos oportunidad de hacer muchas cosas que hace 100 años no existían, por lo que, sin darnos cuenta, estamos durmiendo cada vez menos; por ejemplo, en el año 1985, un estudio realizado, demostraba que en EE.UU. el número de personas, entre 30 y 65 años, que dormían menos de seis horas respecto a hoy ha pasado de un 20% a un 33%, ello significa que se ha dado un cambio importante de hábitos en la sociedad, y nadie sabe si esto luego tendrá un precio que acabaremos pagando”.

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