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El Periódico de Catalunya

Entrevista a Ignacio Buqueras y Bach, Presidente de la COMISIÓN NACIONAL PARA LA RACIONALIZACIÓN DE LOS HORARIOS ESPAÑOLES

"El hecho de dar valor al tiempo debería enseñarse en la escuela"

La Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles aboga por la conciliación de la vida laboral y familiar, una de las bases para la mejora de la calidad de vida de las personas

La flexibilidad a la hora de entrar y salir del trabajo y lograr una cultura de eficiencia y excelencia laboral son los objetivos fundamentales de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, que cumple su quinto aniversario el próximo mes de mayo. En todo este tiempo ha luchado por conseguir que el horario laboral de los españoles se parezca al que tienen en el resto de Europa.
-¿Cuándo surge la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles y cuál es su objetivo?
Hace cinco años, a la hora de realizar diferentes estudios nos dimos cuenta de que España era uno de los países europeos con menos sociedad civil y nos preguntamos el motivo. Entonces llegamos a la conclusión de que los horarios de los ciudadanos españoles eran atípicos en Europa. La gente no tenía tiempo para sí, para su pareja y sus hijos, y menos aún para la sociedad civil y el mundo de las ONGs, fundaciones y asociaciones. Así que comenzamos el largo y complejo camino para intentar racionalizar nuestros horarios y cambiar de hábitos. A la primera reunión que tuvo esta Comisión Nacional asistieron once entidades y en estos momentos forman parte de ella 111 instituciones.

-¿Cómo funciona la Comisión Nacional?
La Comisión Nacional se reúne en plenos. El primer pleno de este año, por ejemplo, fue en el Ayuntamiento de Madrid, con la presencia del alcalde, Alberto Ruiz Gallardón, y contó con la presencia de 700 personas. Hemos celebrado plenos en el Congreso de los Diputados, en el Senado, en la Asamblea de Madrid, en UGT, en CC.OO., en la Cámara de Comercio... y así hasta completar las 35 reuniones que hemos tenido hasta el momento. Hace cinco años nadie hablaba de conciliación, y hoy no hay día en que no esté convocado algún acto encaminado a lograrla. Es un tema imparable, y aunque habrá personas que lo retrasarán por machismo, cada día hay más mujeres que lo desean, ya que en un gran porcentaje ellas se tienen que ocupar, además del trabajo, de la casa y de los hijos. Nosotros siempre defendemos que el hombre no sólo debe colaborar, sino participar plenamente en estos asuntos.

-¿Cómo influye la conciliación de los horarios laborales y la vida familiar en la calidad de vida de las personas?
Defendemos horarios flexibles de entrada y salida. Somos conscientes de que hay determinados sectores, como el sanitario o las fuerzas de orden público, en que se tiene que trabajar por turnos las 24 horas al día. Pero abogamos por que, como ocurre en otros países europeos, el resto de ciudadanos tenga un horario flexible de entrada, entre las siete y media y las nueve de la mañana, y de salida, entre las cuatro y media y las seis de la tarde. A mediodía se debería parar no más de 45 minutos, tiempo suficiente para una saludable dieta mediterránea. En el II Congreso Nacional que celebramos, Iberdrola nos dio la grata sorpresa de un nuevo horario para sus trabajadores, cuya jornada comienza a las siete y media, y finaliza a las tres y media de la tarde, con una flexibilidad de media hora tanto en la entrada como en la salida. Ojalá muchas empresas vayan adoptando estos mismos planteamientos y dejemos de ver cómo a las nueve de la noche las carreteras de las grandes ciudades se llenan de trabajadores que vuelven a sus casas, lo que es tercermundista e impropio de un país del siglo xxi. Los últimos datos estadísticos de la Unión Europea nos dicen que España es el país que más horas realiza en el trabajo, mientras que nuestra productividad está a la cola. Confundimos estar en el puesto de trabajo con estar trabajando. Lo que pedimos es un cambio de la cultura de presencia por una cultura de eficiencia y excelencia, en este mundo cada día más competitivo y globalizado.

-¿Qué opina de la propuesta de determinar las jornadas laborales por objetivos en lugar de por franjas horarias inamovibles?
El esfuerzo no sólo lo tiene que hacer el trabajador, sino que, fundamentalmente, tiene que venir de la mano del empresario. El directivo tiene que marcar objetivos y si el trabajador termina su trabajo antes, habiéndolos cumplido, mucho mejor. Si no lo hacemos así estamos igualados por la mediocridad. Hay que potenciar la eficacia y la excelencia, que es lo que nos puede permitir estar en el mercado exterior.

-¿Cuál es la tendencia europea en esta materia?
En Europa, igual que ocurre en España, cada vez se da más valor al tiempo. Hace cinco años, cuando una persona cambiaba de empresa lo fundamental era saber cuánto le iban a pagar. En estos momentos, además, la gente pregunta por el horario que va a tener, sobre todo las personas de 30 a 40 años, que son las que dan más valor a su tiempo.

-¿Se tienen en cuenta aspectos culturales y de aprovechamiento de horas en la valoración de un horario adecuado?
Cada país europeo tiene sus características y costumbres. Los países del norte de Europa llevan a rajatabla la conciliación de su vida laboral y familiar. La prueba es que ellos han aumentado la natalidad. España era hace años uno de los países con mayor natalidad del mundo y hoy estamos a la cola, y desde el punto de vista empresarial, lo que interesa es que haya consumidores y generaciones que aseguren las pensiones. A la Comisión Nacional, sin embargo, no sólo le preocupan los horarios de trabajo, sino también las 24 horas del día. La buena distribución de esas 24 horas es fundamental. Nosotros recordamos la regla de los tres ochos: ocho horas para trabajar, ocho para descansar y ocho para dormir. Todo lo que se aleje de esta regla va en deterioro de las personas y de la sociedad. De ahí vienen muchos problemas de baja productividad, siniestralidad laboral o accidentes de tráfico. Los españoles duermen 50 minutos menos que la media europea, lo que debería llevarnos a una reflexión acerca de lo que está pasando para que esto sea así.

-¿Podría ponernos un ejemplo de malos hábitos que tendrían que desaparecer dentro del ámbito laboral?
En España, por ejemplo, somos muy dados a almuerzos de trabajo, donde te levantas de la mesa a las cinco de la tarde y a continuación vuelves a trabajar. Los extranjeros que vienen a nuestro país se quedan asombrados de esta desorganización. Otra de las cosas que más hacen perder el tiempo en España son las reuniones de trabajo, tanto en el mundo de la empresa, como en el asociativo y en política. Lo que nosotros pedimos a la sociedad es convocar tan sólo las reuniones que sean precisas, marcando la hora de inicio, la de finalización y el minutaje correspondiente, para que la gente acuda a estos encuentros preparada. Tampoco damos valor a la puntualidad y se penaliza al que es puntual con esperas de hasta un cuarto de hora y veinte minutos. A nadie se le ocurriría argumentar que necesita diez minutos de cortesía cuando va a coger un tren, por ejemplo. La puntualidad es una exigencia ética. Entre nosotros existen demasiados ladrones del tiempo que hay que eliminar y poner en evidencia.

-Además de la flexibilidad horaria, ¿qué otras soluciones proponen?
En la escuela se debería enseñar a dar valor al tiempo. El español, quizá por tener un carácter extrovertido, no lo hace porque nadie le ha enseñado a gestionar su tiempo adecuadamente. Hay que valorar al empleado que se vaya de la empresa antes que su jefe porque ha finalizado su trabajo y ha cumplido sus objetivos. En España aún seguimos anclados en la etapa tercermundista de no irse antes del jefe. Esto ocurre en las empresas, pero también en el ámbito de la Administración, y sin embargo no pasa en el resto de Europa.
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