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El Periódico de Catalunya

Raquel de Diego Picó, Redacción

Editorial

Oímos en multitud de foros públicos y canales de información la expresión “calidad de vida”, y ciertamente es algo que está ya anclado en nuestro lenguaje cotidiano. Sobre el concepto de calidad de vida, no obstante, se ha meditado mucho, después de que se formulara, sobre la década de los 50, por primera vez, como respuesta a los interrogantes que surgieron tras observar los resultados de la industrialización global. ¿Qué nuevas necesidades humanas surgían con los procesos industriales, cuál era el impacto medioambiental, cómo, en definitiva, el nuevo entorno clasificaba nuevas demandas?

No se puede entender la calidad de vida sin el contexto social, tecnológico y económico en el que se formula, por tanto, sin tener en cuenta las infraestructuras y servicios de las sociedades, pero además no puede separarse de las relaciones entre individuos, porque para evaluar el grado de calidad de vida en las comunidades, también se ponderan las expectativas personales, su posibilidad de desarrollo individual. Así, se trata de un concepto integral en el que opera lo objetivo (qué nos ofrece nuestro entorno) y lo subjetivo (qué esperamos de éste). Como ejemplo, con los avances científicos en materia de salud, ya no nos preocupamos sólo de la curación de enfermedades, sino que hablamos de tratamientos paliativos: mejorar, así, la calidad de vida de enfermos crónicos. Por otro lado, no podemos entender la calidad de vida en nuestros hogares sin una estructura adecuada. Un ejemplo de ello son las facilidades que ciertas empresas e instituciones ofrecen a los trabajadores para conciliar la vida laboral y la familiar, tratando de racionalizar los horarios.

Hoy, en suma, identificamos la calidad de vida como todo aquello que mejora nuestras condiciones vitales, físicas y emocionales. A este fin se han planificado los servicios a la sociedad y los individuos, se han evaluado los impactos y los nuevos condicionantes, entre ellos el medioambiental, y los productos que se lanzan al mercado tratan de adecuarse a estas demandas. En este especial “Calidad de Vida” se quieren dar a conocer algunas propuestas en materia de productos y servicios, mostrar las soluciones del mercado orientadas al bienestar de los usuarios: descanso, desarrollo personal, nutricional e intelectual para el segmento infantil, técnicas de apoyo terapéutico, el ámbito del seguro e incluso propuestas de estética.

La calidad de vida se impone como el derecho del ser humano a una mayor posibilidad de elección, de desarrollo y autorealización, y los servicios a la sociedad deberán orientarse a mejorar sus técnicas y ampliar su punto de vista, lograr, en definitiva, una mayor excelencia en la vida de todos.