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El Periódico de Catalunya

Entrevista a Beth Galí Camprubí, Presidenta del Foment de les Arts i del Disseny (FAD)

"La flexibilidad en el desarrollo del tiempo es el futuro del hogar"

La presidenta del FAD aboga por que los nuevos proyectos de vivienda tengan en cuenta individuo, sostenibilidad y tecnología

(Raquel de Diego Picó) Las nuevas realidades sociales están provocando que el hogar se convierta en algo múltiple y flexible, que sea respetuoso con el medio ambiente y pueda integrar las nuevas tecnologías de forma eficiente. La cultura de compartir está tomando además mayor peso en las jóvenes generaciones, algo que está llevando a la práctica el proyectista moderno, ideando espacios comunes con el fin de fomentar la optimización de espacios y recursos. Con ello vamos hacia un concepto de hogar en el que lo privado adquiere una nueva dimensión. Todas estas cuestiones son las que ha apuntado Elisabeth Galí, arquitecta –entre muchas otras obras, ha proyectado la zona de baños del complejo del Fòrum- y actual presidenta del FAD.
-¿Cómo han afectado la evolución de los modelos familiares y nuevos estilos de vida al diseño de viviendas y espacios?
La estructura social está cambiando muchísimo y muy rápido. El problema es que la estructura arquitectónica no ha tenido tiempo de adaptarse a las nuevas necesidades. Hay un decalaje entre la realidad social y la respuesta que debería dar la arquitectura. Éste es un proceso lento, pues hay mucha burocracia que no deja evolucionar el tema de la vivienda. Hoy encontramos familias formadas por dos personas del mismo sexo, por personas de diferentes culturas, la familia tradicional, las familias que vienen de fuera, que son más numerosas… que necesitan una respuesta rápida por parte de la normativa y del programa de la vivienda. En este momento se está haciendo un esfuerzo desde las administraciones públicas que han adquirido mayor consciencia, pero de forma muy lenta. La tendencia en Catalunya, tras la aprobación de la nueva ley de la vivienda, es contemplar estas nuevas realidades, pero hay que señalar que una cosa es una ley promovida desde la Generalitat y otra cosa son las leyes desde los ayuntamientos, que regulan la normativa edificatoria, y son las que no dejan, muchas veces, evolucionar o permitir cambios en las estructuras arquitectónicas. La normativa edificatoria no ha de ser tan restrictiva sino que ha de dar mayor libertad y, por tanto, más posibilidad de investigar a los arquitectos que tengan ganas de hacerlo (algo que pareciera inherente a la profesión pero que sin embargo no es muy habitual). 

-¿Cuáles son estas nuevas tendencias en la investigación? ¿Podría darnos ejemplos prácticos?
Más que tendencias hay preocupaciones y una de ellas es cómo lograr la movilidad de los tabiques. Tradicionalmente en el norte de Europa se ha vivido de forma muy estable: nacías, vivías y morías en la misma casa. Esto se está acabando, debido también al intercambio de culturas. La movilidad es algo que debería determinar mucho la manera de proyectar, por ejemplo, con tabiques móviles que permitan eliminar habitaciones y ganar en espacio; un ejemplo de ello son las familias cuyos hijos van abandonando progresivamente el hogar. A la hora de proyectar hay que tener en cuenta los efectos producidos por la movilidad, el producido por las familias; en definitiva, lograr una vivienda flexible. Hay que contemplar también la mixicidad de tamaños -que en un mismo edificio haya viviendas pequeñas y otras que, por módulos, puedan hacerse mayores- ello implica muchas cosas: que las instalaciones sean de una manera determinada en el sentido de que, tirando un tabique, no queden afectadas.

-¿Qué está ocurriendo en el resto de Europa en este sentido?  
En Holanda se está trabajando ahora en la eliminación de aquellos servicios de la vivienda que puedan llegar a ser comunes. Nosotros estamos acostumbrados a que cada casa tenga su cocina, su lavabo, sus dormitorios… Si pensamos cuáles son los elementos de la vivienda que se puedan compartir –por ejemplo, en una misma planta- uno de ellos es la cocina. Puede pensarse en espacios propios para la alimentación y el mantenimiento de los alimentos concibiendo una cocina muy equipada para compartir. Esto, además, favorece la cohesión social.

-Entonces la diferencia entre el espacio público y el privado se diluye poco a poco…¿Llegaremos a tener esta capacidad de compartir en nuestro país?
Tenemos una tradición que tiende más a lo privado que a lo público, pero creo que la sociedad es una entidad en sí misma muy flexible y tremendamente generosa en la adaptación a los cambios, si son cambios que mejoran. En este caso concreto, eliminar espacios privados y crear espacios comunes abarata las viviendas -que es el problema actual más importante. Habría que hacer pruebas piloto con estas nuevas medidas e irlas divulgando. Es cierto que los jóvenes están entrando en la cultura de compartir más que nosotros; por ejemplo, a través de Internet, entienden que todo se comparte, es un vehículo de cultura y educación muy eficaz. Esta idea del sharing está en nuestra cultura contemporánea, y la educación que nos están ofreciendo las nuevas tecnologías es lo que hace cambiar a la sociedad. Es muy importante pensar en futuro, analizar las relaciones y las culturas y tratar de ver que aquello que nos parece ahora difícil, para los que vengan detrás será más fácil. La idea de compartir está calando muy fuerte en las generaciones que vienen.

-¿Cómo puede un ciudadano preocuparse por cuestiones como el reciclaje o el consumo responsable de los recursos, sin tener las principales necesidades cubiertas, como contar con un hogar? ¿No le parece un contrasentido?
Aquí se abre un debate entre educación y vivienda. Son las dos grandes asignaturas que, últimamente, han causado mayor preocupación social. Vemos cómo a la educación y a la vivienda les cuesta salir adelante. Lo prioritario es tener un techo, porque si garantizas la vivienda a todos, permites que la gente pueda estudiar y pueda concienciarse. Estos últimos años están siendo los de concienciación mundial sobre el problema del medio ambiente, pero hay que entrar de lleno en el hecho de que no se trata de concienciación, sino que es una realidad que hay que asumir, desde el individuo hasta las grandes empresas y los grandes provocadores de desastres medioambientales.  En este momento de inicio nos cuesta habituarnos al reciclaje y asumir que todas las mejoras para el medio ambiente encarecen la vivienda. Hay una serie de medidas que a largo plazo representan una economía para las familias, como la energía solar, el reciclaje de aguas pluviales, etc., pero sí es cierto que a corto plazo encarecen la vivienda. Volvemos al tema cultural: deberemos esforzarnos económicamente para adoptar estas medidas, que afectarán positivamente al medio ambiente, y, por otro lado, ahorrar con esta nueva tendencia a compartir.

-Se está hablando mucho acerca del hogar digital. ¿Cómo está afectando la incorporación de las nuevas tecnologías en los hogares al proyecto arquitectónico?
El gran cambio tecnológico debe ser absorbido por el arquitecto y el diseñador con el fin de que se pueda aplicar eficazmente. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que muchos cambios tecnológicos acaban siendo gadgets que no sirven para nada. Tener conocimiento por parte de los arquitectos es muy importante y saber hasta qué punto aquella nueva tecnología te está mejorando realmente la vivienda y, por el contrario, que no la estamos sobrecargando de elementos comerciales (el comercio es muchas veces perverso y toma en seguida las mejoras tecnológicas como argumento de venta). La revolución tecnológica está haciendo cambiar mucho la arquitectura y, por tanto, los arquitectos debemos entrar plenamente en los conocimientos sobre su aplicación.

-¿Cómo será el hogar en los próximos años?
Creo que el hogar será fundamentalmente flexible, que variará en el tiempo y podrá tener diversas formas de habitabilidad. La flexibilidad en el desarrollo del tiempo es el futuro del hogar, y también ha de poder absorber la tecnología eficaz y real que nos ofrece la industria.

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