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Turquía, exotismo y proximidad

Turquía, exotismo y proximidad

Turkish Airlines

Paisajes únicos y playas mediterráneas. Ruinas clásicas y mezquitas. Turquía es un país cercano, con el que compartimos mucha cultura e historia, pero a la vez con un exotismo que hace que nos maraville. Puente entre Occidente y Oriente, es un lugar que contiene lo mejor de ambos lados, incluyendo una de las ciudades más interesantes y atractivas del mundo, Estambul, y un total de nada menos que 16 lugares considerados por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Un lugar único a solo tres horas en avión.

Cómo llegar

Turkish Airlines tiene nada menos que cuatro vuelos diarios desde el aeropuerto de El Prat hacia Es­tambul, con frecuencias también desde otras ciudades del estado: dos vuelos diarios desde Madrid, uno desde Málaga, uno desde Va­lencia y cuatro semanales desde Bilbao. Des­de Estambul se puede conectar con decenas de destinos en toda Turquía.

Turkish Airlines es la aerolínea que vuela a más países de todo el mundo, concretamente 120, con un total de 300 destinos. Una de sus primeras ventajas es la co­nectividad: por su ubicación geo­gráfica, Estambul es un 'hub' ideal. Además, ofrece un 'tour' gratuito por la ciudad, con comida inclui­da, para las escalas superiores a 6 horas.

Muchas veces viajamos para maravillarnos al visitar lugares exóticos, sitios y monumentos que nos atraen porque son diferentes a lo que estamos acostumbrados. Vamos a buscar aquello que se sale de lo cotidiano, aquello a lo que nuestra vista no está acostumbrada: sea un tipo de naturaleza extraño, una gastronomía a la que nuestro paladar no está habituado o un estilo artístico ajeno a nuestra tradición.

Pero a veces también viajamos a lugares que nos atrapan por su cercanía y similitud con lo que estamos habituados… Lugares que pertenecen a una cultura e historia compartida, y nos atraen porque nos sobreviene el placer de lo conocido, el placer de revisitar algo a lo que somos afines, que conecta con nosotros, con nuestro pasado, desde otro lugar.

Turquía es un país, quizás de los pocos en el mundo desde nuestra óptica, donde podemos gozar de ambos placeres: lo exótico y lo próximo. Porque en la imagen que tenemos de Turquía hay algo diferente que nos atrapa, ya sean las bellísimas mezquitas de Estambul o las sorprendentes formaciones rocosas de la Capadocia. Pero, por otro lado, también existe el gusto de reconocernos a nosotros mismos desde la otra orilla del mar que compartimos: la "mediterraneidad" de su cultura y su naturaleza costera, los ingredientes casi idénticos de su cocina o su importantísimo legado romano: todo ello nos es muy próximo. Y por todo ello, Turquía brinda la sorpresa de lo diferente y el confort de lo conocido.

Turquía es un puente entre dos mundos, entre dos civilizaciones…Sí, la frase es un cliché, pero es cierto, y además Estambul lo es estricta y geográficamente hablando. No es la capital, pero sí la ciudad más conocida del país que ejemplifica perfectamente estas dos caras, y dentro de esta ciudad, el paradigma de ello es la basílica de Santa Sofía: no en vano, fue una basílica, para luego convertirse en mezquita, y ahora es un edificio laico conservado como museo. Estambul es el paso de muchas civilizaciones y donde ha perdurado lo mejor de ellas. Sí, Estambul es el exotismo de la bellísima Mezquita de Sultán Ahmed, más conocida como la "mezquita azul", el mundialmente famoso Gran Bazar o del Palacio de Topkapi, que nos hace imaginar el tiempo de los sultanes, los eunucos del harén y las intrigas palaciegas, pero también es la herencia romana de lugares como la basílica-cisterna, un antiguo depósito subterráneo con un aura mágica, o el acueducto de Valente. En Estambul encontramos el legado cultural y artístico de nada menos que tres imperios: el Romano de Oriente, el Bizantino y el Otomano; no en vano su núcleo histórico está catalogado por la UNESCO como patrimonio de la Humanidad.

Pero si Estambul es Oriente y Occidente todo en uno, también es pasado y presente todo en uno. Cruzando el famoso puente de Gálata y divisando la torre del mismo nombre que domina el barrio al otro lado del Cuerno de Oro,  mientras andamos entre pescadores, podemos darnos la vuelta y contemplar el espectacular perfil de la ciudad, plagado de cúpulas y minaretes. Y ya en la otra orilla vemos su lado europeo, el de una ciudad dinámica, moderna, plagada de tiendas de moda y lugares a la última llenos de jóvenes tomando algo. Sí, Estambul tiene muchas caras. Es una ciudad compleja y vibrante que atrapa por todo lo que ofrece.

Y si Estambul ejemplifica perfectamente lo que es Turquía, un país con un pasado riquísimo y un porvenir brillante, un lugar a la vez exótico y cercano, el resto del país también es una muestra de ello. El paisaje de la costa del Mediterráneo nos resultará familiar, plagado de playas donde relajarse y, a la vez, de lugares culturales de altísimo interés, como las ruinas griegas de Efeso, las de Pérgamo y las de Troya, todas ellas declaradas también patrimonio de la humanidad. A la vez, las increíbles formaciones rocosas de la Capadocia, un lugar único en el mundo, nos dejarán maravillados. Ya sea explorándolas en vehículo, a pie, en bicicleta o en globo, sus asombrosos paisajes, muchas veces descritos como "lunares", maravillan incluso al viajero más experimentado. Y es que la erosión en la roca calcárea durante millones de años ha creado unas formas caprichosas en las rocas, no exentas además de interés histórico: no solo podemos disfrutar contemplando la belleza de ese paraje, sino también visitando sus ciudades subterráneas: esta zona de la Anatolia Central era un enclave estratégico en las rutas comerciales entre Europa y Asia, por lo que sufrían invasiones continuadas, lo que hizo que se construyeran poblaciones enteras bajo tierra. Efectivamente, Capadocia es lo que es después de millones de años, pero también podemos disfrutar lo que sucedió hace algunos pocos siglos.

En Turquía encontramos otros lugares naturales únicos en el mundo, como Pamukkale, un paisaje fantástico de cascadas petrificadas y terrazas escalonadas de agua: la alta saturación de calcita ha creado un paisaje espectacular. E igual de espectacular y exótico es el legado otomano en el resto del país, en ciudades como Bursa, también patrimonio de la humanidad, o Antalya. Los minaretes y las cúpulas de las mezquitas se alternan con las ruinas de antiguas civilizaciones próximas, como la romana y la griega, y otras más lejanas, como la hitita. Turquía es lo suficiente cercano como para disfrutar de nuestra misma cultura en la otra orilla del Mediterráneo y a su vez lo suficientemente exótico como para maravillarnos y sorprendernos con lo diferente.

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