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"Los padres y madres deben ser felices para sus hijos"

Entrevista a Fernando Martínez Villanueva, psicólogo y terapeuta familiar

Fernando Martínez es psicólogo, terapeuta y orientador familiar. Su trabajo, su pasión, es ayudar a madres y padres a tener éxito educando, a que sean felices para conseguir que los hijos también lo sean. Y lo consigue mediante talleres, conferencias y charlas en centros educativos y asociaciones de padres y madres.

-¿Cuándo suelen decidir unos padres llevar a su hijo al psicólogo?

Cuando detectan algún obstáculo en su conducta, relaciones o emociones que les impiden ser felices. Pero en la mayoría de los casos yo ni siquiera llego a ver al niño. Trabajo para lograr que los niños sean felices y seguros, y eso, no hay psicólogo o psiquiatra que lo pueda lograr.

-¿Cómo dices?

Mira, después de 20 años trabajando para niños y adolescentes te aseguro que enseñar a un niño a ser feliz, hacerlo realmente, es misión de los padres. Es así. El 95% de mis sesiones y mis conferencias las reciben sobre todo padres y madres.

-¿Se puede enseñar a ser feliz?

Claro. Debemos aprender a ser felices; por tanto, podemos enseñarlo. Y a un niño sólo pueden enseñarle a ser feliz o a ser infeliz sus padres.

-¿Cómo pueden los padres enseñar a sus hijos a ser felices o infelices?

El primer paso no es un "cómo" hacer, sino una posición: "desde donde" enseñar a los hijos a ser felices: un lugar interno de seguridad, de no necesidad de verlos felices todo el tiempo, aunque parezca paradójico. Veamos esto: cuando ponemos un límite y lo mantenemos, no se va a sentir muy feliz. Pondrá en juego emociones y conductas de angustia o frustración para intentar librarse, saltar ese límite. Si lo logra, ojo, ¡le estamos enseñando a ser infeliz!

-¿Enseñando a ser infeliz?
¿Cómo hacemos eso?

Porque su psiquismo anota: "mi tristeza, ira o angustia obtienen premio". Por eso muchas personas han aprendido a caer en apatía, ira o queja. "Be water, my friend", pero "water" con límites, sino se desparrama, pierde la fuerza. ¿Por qué vuela una cometa? Porque está atada; tiene un límite que le permite usar el viento.

-¿Qué más se pone en juego para enseñar a ser feliz a un hijo? 

Necesita armonía entre sus padres, que debe existir al margen de cómo esté la relación de pareja. Debemos aprender a reprender, a poner consecuencias sin armar toneladas de atención en la escena de conflicto. Llevemos nuestra atención a sus acciones y cualidades positivas, pues crecen hacia donde está la atención. El niño necesita ser visto en sus cualidades positivas, esto requiere que orientemos nuestra mirada más hacia potenciar éxitos. Y una última y trascendental cuestión: el ejemplo. Debemos ser felices para nuestros hijos, no hay opción, pues el aprendizaje por observación es muy poderoso. Pensamos que la felicidad es una consecuencia y realmente es una decisión. Los padres y madres tenemos la obligación de ser felices para nuestros hijos.

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