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Ocio & Tiempo Libre (Julio 2010)
Madeira, un jardín flotante en la eterna primavera
Redacción
El archipiélago portugués ofrece actividades para todo tipo de viajeros que buscan para sus vacaciones un clima cálido, además de exquisitez y sofisticación
Creada a base de sol, mar y leyenda, Madeira es la perla del Atlántico. Su belleza deslumbrante está formada por acantilados que caen sobre el mar, piscinas excavadas en la roca, altas montañas escondidas entre brumas, estrechos caminos que conducen el agua conocidos como “levadas”, por las que se puede caminar y disfrutar de la grandiosidad del paisaje.


Enclavado en medio del Atlántico, el archipiélago de Madeira ofrece un viaje diferente, un rincón salvaje al mismo tiempo que un paraíso subtropical, con sus aromas, presentes en cada rincón. Esta isla portuguesa cautivará al viajero con sus montañas que descienden vertiginosamente hacia el mar, las casas blancas que se levantan en los caminos escarpados, el perfume de sus flores y sus salvajes acantilados entre los que se cobijan las gaviotas. La abundante y variada vegetación que combina las características tropicales con las mediterráneas da lugar a un mosaico vegetal rico y diversificado. Además, sus bosques esconden uno de los secretos mejor guardados: son uno de los pocos bosques del mundo que conservan la pureza que una vez existió hace millones de años.

El rico patrimonio natural y cultural unido a una saludable gastronomía, a la estabilidad política y social y a la hospitalidad de sus habitantes hace de este destino un lugar privilegiado y seguro. El Archipiélago de Madeira posee elementos tan saludables como naturales. Éstos son la impoluta agua del mar, los extractos de algas y plantas, el fresco aroma de las flores, el aire puro y balsámico. En este ambiente de armonía perfecta entre la naturaleza y el hombre adquiere sentido el proverbio “mente limpia, cuerpo sano”, porque aquí se siente una mayor paz y calma interior. En la isla de Madeira, entre el exuberante paisaje y la particular orografía, el viajero se sentirá cómplice de una naturaleza única.

Relax, salud y bienestar
Quien visite Madeira podrá disfrutar de un clima templado, aire puro y balsámico, un aroma fresco de flores, la tranquilidad de una isla en pleno Atlántico y varios centros con tratamientos para todos los gustos. La isla portuguesa cuenta efectivamente con varios hoteles y complejos con diversos tipos de masajes, tratamientos corporales y faciales, y zonas dedicadas al bienestar. Se trata de spas integrados en paisajes exuberantes, más aislados o en pleno Funchal –la capital–, en la montaña o a la orilla del mar, rodeados por una espesa vegetación y por jardines. Lugares dedicados a la salud y a la belleza con equipamientos modernos y especializados, eficientes equipos, técnicas tradicionales y orientales, clases de yoga y de hidrogimnasia, además de tratamientos con champán y caviar, baños de aromaterapia o masajes revigorizantes. Sin duda, el lugar ideal para disfrutar del equilibrio perfecto entre el cuerpo y el espíritu.

Paisajes de ensueño
Este archipiélago, enclavado en la región biogeográfica de Macaronesia, posee un patrimonio natural de gran importancia científica, destacando el bosque autóctono de Madeira la “Laurisilva”, que fue reconocida por la UNESCO como Patrimonio Natural Mundial. De acuerdo con investigadores de la Universidad de Madeira, “la variedad de especies identificadas hacen que la isla rivalice, en biodiversidad, con algunas regiones de la Amazonia”. Este bosque reliquia se remonta al Período Terciario y se compone de árboles de gran porte, entre ellos, el til, el laurel o el viñátigo. Tienen como compañeros los musgos y muchos otros arbustos como el brezo y los helechos.

De los 741 km2 de área de la isla de Madeira, 2/3 están catalogados como reservas naturales. Pero además de esta valiosísima herencia, la isla de Madeira es uno de los lugares del mundo con el mayor índice de fitodiversidad, lo que significa que esta isla tiene la posibilidad de presentar la mayor diversidad de plantas por km2. De su riqueza natural forma parte un vasto abanico de plantas exóticas. Muchas de ellas, de múltiples formas y colores, provienen de varias partes del mundo y se encuentran aquí muy bien adaptadas, como en su ambiente original.

Además, para poder disfrutar en contacto con la naturaleza, se ofrecen excursiones a través de las “levadas”, cursos de agua alrededor de las montañas construidos por el hombre al inicio de la colonización para llevar agua a los]]] terrenos agrícolas más inaccesibles. Hoy en día constituyen uno de los mayores atractivos turísticos de Madeira. En total son más de 200 las “levadas” que atraviesan las masas basálticas de la isla y que conducen al caminante a un mundo natural único. Entre las levadas más bonitas del archipiélago, destacan las caminatas por Rabaçal (recorrido de 5 km de una duración tres a cuatro horas en la zona de Paul da Serra) y las Queimadas (recorrido de cerca de 12 km de una duración de cinco a seis horas). De igual manera, el Ribeiro Frío –el Mirador de los Balcones- cuenta con unas vistas fantásticas: en ese paseo se encuentran varios lugares de interés turístico, como la Ribeira das Cales y el Chão da Lagoa, ambos pertenecientes al Parque Ecológico de Funchal, y los puntos más altos de la isla, el Pico Ruivo (1862 m) y el Pico do Areeiro (1818 m). A medio camino entre Monte y Poiso se encuentra en el Pico Alto, en la zona de Ribeira das Cales, un excelente mirador sobre la ciudad de Funchal.

La mayoría de los recorridos son accesibles existiendo, no obstante, varios grados de dificultad, por lo que se recomienda la compra de programas organizados por las agencias de viajes o por las empresas de animación turística, las cuales organizan paseos a pie debidamente acompañados por guías de montaña, así como la utilización del equipamiento adecuado.

Disfrutar de su gastronomía
La gastronomía de Madeira y de Porto Santo, gracias a la fertilidad de la tierra y a la abundante fauna marina, es una gastronomía saludable. Los platos de pescado como el filete de espada, el bife de atum y el atum de escabeche, así como otros basados en carnes, por ejemplo la tradicional espetada o la carne de vino e alhos, acompañados por el típico milho frito y el sabroso bolo do caco (pan típico de harina de trigo y batata dulce, que recibe su nombre por cocerse sobre un trozo de teja –caco– que se coloca sobre las brasas), son únicamente algunas de las comidas obligadas para quien visita la isla.

Madeira también es rica en frutas tropicales, por ejemplo el plátano, la nona, el maracuyá o fruta de la pasión, la papaya y la pera abacate, entre otras frutas. Los dulces de Madeira también presentan una amplia gama en la que puede elegir, como la queijada o el bolo de mel, elaborado con melaza de caña de azúcar y especialidad típica de Navidad.
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SOBRE MADEIRA
El archipiélago de Madeira se encuentra a 608 km al Oeste de Marruecos y a 416 km al Norte de las Islas Canarias. La isla mayor es la verde y montañosa Madeira, situada a 545 kilómetros de la costa occidental de África y a 978 kilómetros del Portugal continental, con un área de 738 km2 y una forma parecida a  la del viejo casco de una carabela abatida por una tormenta. A unos 37 km al noreste, está la isla de Porto Santo, de sólo 106 km2, con un paisaje árido y llano totalmente opuesto al de Madeira.
Dos grupos más de islas deshabitadas, apenas visitadas pero siempre intrigantes, completan el archipiélago. A 16 km al sureste de Madeira, y fácilmente visibles desde su costa sur, están las tres Ilhas Desertas (Islas Desiertas): Ilhéu Chão, Deserta Grande y Bugio. A pesar de su proximidad y su tamaño -Deserta Grande alcanza los 479 m de altitud-, apenas tienen suelo fértil y agua potable y están, por tanto, prácticamente deshabitadas. Igualmente inhóspitas, y a 300 km al sureste de Madeira, están las bien llamadas Ilhas Selvagens (Islas Salvajes). Pertenecen también a Portugal y están formadas por dos grupos de islitas rocosas de las que la mayor, Selvagem Grande, tiene sólo 5 km de circunferencia. Ambos grupos de islas son actualmente reservas naturales protegidas.
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Vuelos directos desde Barcelona
El aeropuerto de El Prat de Barcelona cuenta durante los meses de verano con una ruta de vuelo directo con Funchal, la capital de Madeira, que opera la mayorista Costas Galicia. Los pasajeros que quieran volar en periodo estival a la isla portuguesa desde la capital catalana pueden hacerlo cada martes. Así pues, durante el verano también se puede disfrutar de Madeira desde Barcelona sin escalas. Consulte en su agencia de viajes para más información.

 

Madeira


De los 741 km2 de área de la isla, 2/3 están catalogados como reservas naturales
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